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Operaciones Cataluña, Kitchen, Tandem…

Viaje al origen de la cloaca policial del Gobierno de Rajoy

El grupo corrupto de policías de Fernández Díaz, Cosidó, Pino y Villarejo buscó medios de asalto remoto a móviles parecidos a Pegasus

Ignacio Cosidó y Eugenio Pino. Agustín Catalán

Según sea del lado civil o del uniformado la fuente del gran caso de la policía corrupta que actuó bajo el gobierno Rajoy, dirá que en aquella época, 2012-2016, la parte propositiva de las trampas correspondía al aparato policial, o sostendrá que quien daba las órdenes era el poder político. Uno y otro brazo de las operaciones Kitchen, Tándem, Pisa, Cataluña… se achacan hoy entre sí que fue la otra la que repetía: “Se puede hacer esto…”.

En las grabaciones y las anotaciones del excomisario José Manuel Villarejo, socio principal de aquel club, se oye y se lee lo que no se debió hacer: emplear funcionarios –70 tienen contados Interior y Moncloa- y fondos reservados –es secreta la cuantía; tenía la llave el Gabinete de Coordinación y Estudios, que dirigía el coronel Pérez de los Cobos- en seguimientos y pesquisas para tapar la Gürtel, enterrar la financiación irregular del PP, buscar o inventar material lesivo contra Podemos, falsear o robar pruebas y distribuirlas sobre los Pujol Xavier Trias; engañar o sabotear al CNI y a jueces; grabar incluso a la madrina Cospedal

A aquel “se puede hacer esto” de 2012 le ha sucedido diez años después una montaña de folios de sumarios judiciales; una vista próxima con jefes policiales y políticos (no todos los que son) imputados; una primera condena a un año de cárcel para un ex alto comisario; tres suspensiones de empleo y sueldo; algunas jubilaciones anticipadas; un plan para retirar medallas… y un vagón de cola de enfermedades, ictus y lorazepam, rastro de dolor de aquel equipo hoy encausado que atoró las cloacas en el Cuerpo Nacional de Policía.

Un faisán de oro

De cómo fue posible tal confluencia puede dar pistas la escena del pabellón del ministro, en la sede de Interior, junto a la Castellana madrileña. Comida un día laborable de enero de 2012. A la mesa, el recién nombrado Jorge Fernández Díaz, su entonces jefe de gabinete, Francisco Martínez, el secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Ulloa... Llegó el también recién estrenado director de la Policía, Ignacio Cosidó. “Traía en las manos unas fichas con nombres y fotos de carné”, relata un testigo. Era la lista de los cargos que iba a nombrar en las divisiones de la Policía. “Director Adjunto Operativo, comisario Eugenio Pino. Jefe de Asuntos Internos, comisario Marcelino Martín Blas, Información Enrique Barón…” A ninguno conocía Fernández Díaz, asegura esta fuente.

Cosidó tampoco sabía de todos; se los había recomendado gente cercana. Una parte central de los nombres escritos en aquellos papeles tenían en común su vinculación con el Sindicato Profesional de la Policía, el SPP.

José Manuel Villarejo. EFE

Y para entender por qué esa coincidencia, puede ser útil remontarse más atrás aún, el sábado 23 de enero de 2010 en el Hotel Los Jándalos de Jerez de la Frontera (Cádiz), donde el PP clausuraba su Escuela de Invierno. Estrella invitada: Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz popular en el Congreso. “Rubalcaba no da la cara a los españoles, que quieren saber qué ha pasado en temas que afectan a la salud democrática de nuestro país, como el caso Faisán”, dijo en el atril.

El PP preparaba para el reinicio del curso parlamentario una ofensiva contra el gobierno ZP con la que allanarle el camino a Mariano Rajoy. La palanca era el supuesto chivatazo a ETA de un comisario de policía, Enrique Pamies, sobre preparativos de una redada en el bar Faisán de Irún, punto de tráfico y cruce del dinero de las extorsiones de una banda con la que el Ejecutivo negociaba su final.

El partido estaba hambriento de información sobre el caso. Y trayéndola cobraba relevancia un modesto diputado de la Castilla norte, Ignacio Cosidó, ariete contra el ministro socialista Alfredo Pérez Rubalcaba en la Comisión de Interior, exjefe de gabinete del director de la Guardia Civil Santiago López Valdivielso en tiempos de Aznar. “Cosidó era el mejor relacionado con los comisarios”, confirma un policía, compañero de una mayoría de mandos afiliados al SPP como sindicato estamental.

Saber del caso Faisán y de la negociación con ETA valía su peso en oro en el PP: por fin datos con los que convertir en cierta la vieja y muy erosiva fantasmagoría argumental de la derecha sobre una tibieza o complicidad de la izquierda con la banda terrorista.

De Euskadi a Madrid

Como en tantas historias de la Seguridad del Estado, hay ahí un eslabón vasco. En plena guerra contra ETA se habían conocido en las jefaturas de Policía de Euskadi, trabando amistades y enemistades, Enrique Barón y José Ángel Fuentes Gago.

Este último era el presidente del Sindicato Profesional de Policía (suspendido de empleo y sueldo, ha vuelto como asesor al SPP que vive ahora una nueva etapa), y una de las fuentes con las que más se asesoraba Cosidó sobre Faisán. Fue nombrado jefe de gabinete de Eugenio Pino.

Barón había marchado a Madrid en 2008, a organizar una Dirección General de Interior del Gobierno de Esperanza Aguirre, organismo mojado en turbios seguimientos al delfín Ignacio González, en pos de su ático de Estepona y por meandros caribeños del caso Lezo.

Pero esa es otra historia de aquella ósmosis de policías y políticos. Foco pues al comedor de la vivienda ministerial de Fernández Díaz: llega Cosidó con las manos llenas de propuestas de cargos para policías del SPP: la dirección adjunta operativa, dos jefaturas de gabinete, la comisaría general de Información para Barón, la dirección de Asuntos Internos…

Un CNI particular

Al ex secretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez, entonces mano derecha de Fernández Díaz, hoy con mucho tonelaje de la causa por la cloaca policial sobre su cabeza, agentes de la época lo veían atónito como lo estaría una cabra en un garaje, tanto en ese puesto como en el anterior, de jefe de gabinete del ministro catalán. “Cuando le llegó el momento de decir: ‘Eh, mirad en qué lío me veo’, y echó la vista atrás, sus compañeros lo habían dejado solo”, explican en su entorno.

La misma fuente cuenta que Jorge Fernández Díaz, “estaba obsesionado con tener información. ‘Tú entérate y cuéntame, le decía a Paco”. Un hermano del ministro en el integrismo católico, Juan Cotino, -ya fallecido, ex director de la Policía con Aznar y procesado por corrupción- le había pedido que atendiera a un comisario, Villarejo, con cosas importantes que decir. “El ministro, que estaba en Barcelona, le dio orden a Paco, y este la cumplió el 20 de abril de 2012”, relata el testigo. Se vio con Villarejo, y este le grabó.

En aquella estructura atronaba el autoritarismo, a menudo colérico, de Pino, venido de mandar los rudos antidisturbios

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Cuando llegaron al ministerio, los nuevos jefes policiales no conocían a una prestigiosa pareja de hombres de acción: aquel Villarejo, comisario sin despacho –y cofundador del SPP-, y Enrique García Castaño, un comisario con una cartera repleta de confidentes, jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO) los agentes que colocan micros, hacen guardias...

Villarejo además aparecía de valedor de un amigo de negocios privados, José Luis Olivera, jefe de la UDEF, esa unidad de delincuencia económica de la que tanto acabaría sabiendo, a su pesar, Jordi Pujol.

Esos policías con el pecho chapado de medallas por acciones de gran importancia en la lucha antiterrorista, “se hicieron querer del nuevo director operativo, hasta que los creyó imprescindibles”, explica otro testigo de la Dirección General de la época.

Dos años después hicieron frente interno común para tratar de conseguir para sus cosas un sistema de asalto remoto a móviles, algo parecido a lo que hoy sabemos de Pegasus. Fue en vano. Si lo hubieran conseguido quizá nadie hubiera necesitado meterse grotescamente en casa de Luis Bárcenas, ex tesorero del PP fuera de control.

Una herramienta como aquella los habría convertido en un CNI paralelo, como el que promovía Eugenio Pino para la Policía, que podría residir en Asuntos Internos, división con sede y agenda propia, y discreta, fuera del entorno de la Dirección General y de la base policial de Canillas. La ambición de un CNI sin el CNI le granjeó el recelo del verdadero servicio secreto y su jefe, el general Félix Sanz Roldán.

Luis Bárcenas. David Castro

En aquella estructura atronaba el autoritarismo, a menudo colérico, de Pino, venido de mandar los rudos antidisturbios. Un hombre de botas dando caña a los espías… y a los políticos. “Cuando llegó con el proyecto de la BARC, los políticos no sabían nada”, explica una de las fuentes policiales consultadas. Pino les propuso desde el principio crear una Brigada de Análisis y Revisión de Casos. “Al explicarlo ante Cosidó y Fernández Díaz, ponía de ejemplo el fracaso con la muchacha sevillana Marta del Castillo. En realidad, lo que interesaba de esa brigada era hacerle una autocrítica al Faisán”, ironiza.

Pero todas las averiguaciones realizadas por este diario entre fuentes que proscriben la publicación de sus nombres no han conducido aún a despejar la incógnita del huevo y la gallina en la policía corrupta de tiempos de Rajoy: si fue el poder político o el aparato policial el propositivo; o sea, quién decía: “Se puede hacer esto”; y quién respondía: “Pues se hace”.

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