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Futuro gasto militar

Vigilar la basura orbital, primera misión espacial del Ejército

España opera un radar contra objetos que amenazan a un sector de 340.000 millones de euros

La primera misión en el espacio del ejército español es vigilar la basura espacial

La primera misión en el espacio del ejército español es vigilar la basura espacial. ZML

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La primera misión en el espacio del ejército español es vigilar la basura espacial. Juan José Fernández

Antes del pasado 15 de febrero, la Comisión Europea no se había manifestado en términos tan duros sobre la amenaza que pende por encima de la estratosfera: “Si no encontramos formas de gestionar el tráfico espacial, nuestras actividades espaciales pasadas y presentes pondrán en peligro la seguridad, la protección y la sostenibilidad del espacio ultraterrestre”. Con estas palabras se refería un comunicado conjunto de la Comisión y el alto representante para Política Exterior y Seguridad, Josep Borrell, al peligro de la basura espacial. Hablaba de millares de objetos, -la mayoría en desuso, y la mayoría americanos, rusos o chinos- orbitando el planeta que son “un riesgo real y concreto que afecta a las operaciones rutinarias en órbita día tras día, lo que supone una amenaza directa para la seguridad y la protección del tráfico orbital y la sostenibilidad espacial”.

Ese es el marco de la primera misión espacial que tienen en el horizonte Defensa y el recién rebautizado Ejército del Aire y del Espacio. De momento, detectar. No es una guerra contra una potencia extranjera, pero sí es repeler una amenaza. Y no se trata de un asunto menor: según los cálculos de la firma pública de tecnología militar Indra, está en peligro un sector económico de satélites europeos “valorado en 340.000 millones de euros al año, que crece a un ritmo del 10%”. Es como si una agresión bélica hundiera seis sectores pesqueros europeos enteros, o toda la economía de países con un PIB como el de Dinamarca o el de Egipto. 

Defensa tiene en desarrollo un Programa Español de Teledetección, en el que se integra el Sistema Español de Vigilancia y Seguimiento Espacial. En términos militares se le conoce como S3T. Su centro de gravedad es un radar espacial de la firma pública Indra, que su fabricante considera entre los más potentes de Europa, y que es capaz de detectar objetos a 20.000 kilómetros de su base en base en Morón (Sevilla), en la que fue instalado tras un periodo de pruebas en Santorcaz (Madrid).

Radar espacial de Indra.

No se trata de reaccionar contra una azarosa calamidad eventual, un terremoto o un ciclón, sino contra un comportamiento humano. Borrell lo describió constando: “Estamos detectando cada vez más ejemplos de comportamientos irresponsables y hostiles en el uso del espacio”.

Borrell: “Estamos detectando cada vez más ejemplos de comportamiento irresponsable y hostil en el uso del espacio”

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Rusia no estaba lejos de esa alusión. Lo dijo en la Conferencia Espacial Europea celebrada en Toulouse (Francia) el pasado 25 de enero. En ese evento se habló mucho de satélites, de los que están ya en órbita y tienen su funcionamiento y su propio espacio de trabajo muy amenazados, y los que han de formar parte del sistema de control europeo Space Traffic Management, el STM.

Del STM depende también una porción importante del futuro hipertecnificado que Defensa tiene planificado para los ejércitos. Toda la integración de inteligencia y de ofensivas combinadas de grupos de combate, hombres, armas autónomas y robots que diseñan los militares no puede funcionar sin la inclusión de España en el NGWS (Next Generation Weapon System), el sistema que vincula a cazas y drones por satélite con blindados, barcos y tropas en tierra.

Esas siglas se repetirán en los futuros capítulos del nuevo presupuesto incrementado de Defensa por exigencia de la OTAN, aunque puede que la línea central de esfuerzo presupuestario a medio plazo en este campo sea la de la creación, ya en marcha, del llamado “sistema de sistemas de combate europeo”, que en el aire combinará nubes de drones con cazas de sexta generación. Participan España y Alemania, los fundadores, con Francia. El plazo de entrega vence en 2035.

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