Entrevista

Manuel R. Torres, politólogo: "El auge de los extremismos en Europa deja un buen escenario a Rusia"

El catedrático de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide, Manuel Torres Soriano (Jaén, 1978), participó ayer en la charla ‘La construcción de la seguridad de la UE ante la nueva legislatura’ en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria. Habló del peligro que supone la desinformación.

El catedrático de Ciencia Política, Manuel Ricardo Torres, ayer, en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria.

El catedrático de Ciencia Política, Manuel Ricardo Torres, ayer, en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria. / / JOSÉ CARLOS GUERRA

Andrea Saavedra

¿Cuáles son las claves para identificar interferencias y casos de desinformación en los procesos electorales?

Los promotores de estas injerencias, que utilizan la desinformación, son países que actúan de una manera continuada. Y la respuesta también debe ser estructural. La clave está en asumir que esa acción corrosiva siempre va a estar ahí y hay que generar unos mecanismos permanentes de respuesta para minimizar los daños. Gracias a los equipos de analistas que hacen el seguimiento de estos contenidos se va creando un know-how que también respuestas más eficaces. Es algo que la Unión Europea viene incorporando desde hace ya unos años en sus mecanismos de respuesta. Estos son cada vez mayores y están mejor dotados.

Acabamos de salir de un proceso electoral y se temía que fueran los comicios más ciberamenazados de la historia. ¿Fue finalmente tan grave?

Existía cierto miedo a que este tipo de campañas pudiese alterar gravemente la celebración de las elecciones y, por fortuna, no ha sido así. Se han dado acciones, pero no han degradado el proceso. El impacto de la desinformación no es solo el resultado de la voluntad del que la lleva a cabo, sino también cómo la víctima se prepara, se anticipa y neutraliza este efecto. Al ser una amenaza que todo el mundo conocía, ha permitido reducir los efectos a lo tolerable. Eso no significa que los impulsores tiren la toalla. Este año hay otros procesos electorales en diferentes países europeos y en Estados Unidos y, por lo tanto, la actividad continúa. Hay que estar muy alerta, el nivel de amenaza no ha desaparecido.

¿Existe relación entre la desinformación y el auge de la extrema derecha en Europa?

Hay una relación simbiótica. Algunas de estas fuerzas extremistas mantienen narrativas de carácter conspirativo que son muy útiles para los propulsores de estas campañas de injerencia. La desconfianza hacia los datos, hacia la autoridad, hacia los propios procesos democráticos, genera un caldo de cultivo muy deseable para este tipo de campañas de desinformación. Es un espacio mucho más fácil de vulnerar y de parasitar. No es un mal escenario para actores como Rusia. Son formaciones que mantienen un mensaje hostil hacia la existencia de la propia Unión Europea y ese es un fin deseado por Rusia. También la propia deslegitimación del sistema, otro de los objetivos estratégicos del régimen de Putin.

Rusia está encantada con los resultados del domingo...

Desde luego no es un mal escenario. Abre las posibilidades a interferencias en el futuro. Que gane peso el discurso anti-UE y anti -apoyo a Ucrania es algo que beneficia a los objetivos estratégicos de Rusia. Y tener una masa crítica de nuevos representantes políticos en las instituciones europeas que pueden asumir determinadas narrativas que plantean actores como Rusia, es una oportunidad que puede ser explotada en el futuro.

¿Eso también se aplica a la aparición de partidos como Se acabó la fiesta de Alvise Pérez?

La idea que defiende Alvise de que el sistema está manipulado, que puede ser falseado por quien lo controla o que realmente hay una falsa democracia, es una idea muy nociva que puede ser instrumentalizada por actores extranjeros. En actores que surgen de manera espontánea como Alvise vemos como hay muchos puntos de conexión con esa otra narrativa que vienen desde el exterior. La terminan asumiendo de manera voluntaria como ocurre con el discurso anti-vacunas o la supuesta conspiración globalista de la agenda 2030.

La campaña de las elecciones europeas en España estuvo marcada por el caso de Begoña Gómez y Pedro Sánchez ya ha anunciado medidas para acabar con los bulos. ¿Es posible lograr un equilibrio que permita luchar contra la desinformación sin acabar con la libertad de expresión?

Al final estamos tratando de introducir una serie de medidas de protección de la propia democracia que tienen el peligro de convertirse en algo que deteriora la propia democracia. Buscar ese equilibrio es como operar el sistema nervioso, hay enormes peligros y en ocasiones el criterio que debería emplearse es el de la mínima intervención. Y no es lo mismo una campaña de injerencias puesta en marcha por alguien del exterior, que un ciudadano español que hace un mal uso de esa libertad de expresión y termina cometiendo delitos de difamación, injuria, etc. Para eso ya tenemos mecanismos. Meterlo todo en el mismo saco desvirtúa el debate. La lucha contra la desinformación debe ser una política de Estado.

Además de combatir la desinformación con buenos equipos de detección y prevención, ¿la educación juega un papel importante?

A la hora de luchar contra la desinformación hay abiertas múltiples vías de actuación que hay que llevar a cabo de manera simultánea. Y una de ellas es precisamente esa alfabetización digital. Dotar a los ciudadanos de una serie de competencias mínimas para generar ese espíritu crítico que lo inmunice, al menos, frente a los intentos más burdos. Pero es cierto que con eso no se soluciona el problema. La capacidad de atención del ciudadano y sus conocimientos no los protegen frente a absolutamente todo. Y es por ello que, paradójicamente, uno de los mecanismos más efectivos de lucha contra la desinformación es el papel de los medios de comunicación como fuentes que ejercen el papel de validación de análisis de la información.

Esta semana la Guardia Civil ha realizado un operativo por todo el país cerrando varias páginas web con contenido yihadista. ¿Qué importancia tiene la tecnología y la inteligencia artificial en el freno de este tipo de propaganda?

La tecnología es una herramienta neutra, cuyos efectos dependen del uso que le da su usuario y de las estrategias que este pone en marcha. La inteligencia artificial es una ventana de oportunidad que puede ser empleada por estos grupos para potenciar su actividad propagandística, pero al mismo tiempo es una enorme oportunidad que tienen las fuerzas de seguridad para potenciar sus capacidades de monitorización, de procesamiento de la información y por eso estamos ahí en una competición dinámica.

En Canarias, por cercanía, preocupa especialmente la presencia rusa en África y la inestabilidad del continente. ¿Aquí también es relevante el flujo de información a través de redes sociales?

La cercanía de Canarias al continente lo convierte en un territorio especialmente vulnerable a todas las acciones perniciosas que lleva a cabo Rusia para fomentar el conflicto. La información en esos países fluye principalmente a través de estas herramientas y suelen hacerlo bajo el radar, en ocasiones a través de grupos que no son monitorizados. No es una red social abierta. Y ahí se discute información sobre estas redes de tráfico de personas, informaciones falsas sobre supuesta ayuda o beneficios. Son manipulaciones, bulos que condicionan el comportamiento de las personas. No hay que despreciar el impacto de todas esas comunidades virtuales. Y Rusia tiene una enorme responsabilidad. 

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