Acusaciones en el Gobierno
Las claves del 'caso Salazar': de las denuncias por acoso sexual al primer cese en Moncloa
El cese del asesor de Presidencia Antonio Hernández busca frenar la escalada del caso, tras las acusaciones y la cuestionada gestión del PSOE

Archivo - El secretario Ejecutivo de Acción Electoral de la Ejecutiva federal del PSOE, Francisco Salazar, en una foto de archivo. / PSOE - Archivo
Las denuncias de varias trabajadoras por presunto acoso sexual contra el asesor de Presidencia del Gobierno Francisco Salazar salieron unas horas antes de que fuera nombrado adjunto a la Secretaría de Organización del PSOE. El escándalo abortó su nombramiento, pero lo que parecía una explosión controlada ha terminado por convertirse en una bomba de racimo que cinco meses después sigue provocando turbulencias. Este mismo martes el Consejo de Ministros cesará al que fuera mano derecha de Salazar, Antonio Hernández, que se mantenía en activo tras la salida de su jefe.
Esta salida busca ser un cortafuegos para evitar que el asunto continúe escalando en la organización y en el Gobierno, ante la cuestionada gestión del asunto por la falta de atención a las denunciantes. Una situación que, cinco meses después de conocerse las denuncias, ha provocado una rebelión interna en el PSOE y que amenaza con salpicar a otras figuras de peso del Ejecutivo, como la vicepresidenta primera María Jesús Montero, también candidata a las elecciones andaluzas.
Denuncias por acoso sexual
El pasado 5 de julio, el PSOE se reunía para renovar la ejecutiva tras la etapa de Santos Cerdán, que había sido el número tres del partido hasta el informe de la UCO y su posterior entrada en prisión. Francisco Salazar, asesor de peso en el Gabinete de Presidencia de Pedro Sánchez, estaba llamado a ser el adjunto a este área, pero la publicación de eldiario.es de varias denuncias de “acoso sexual y abuso de poder” por parte de trabajadoras subordinadas al dirigente en Moncloa frustró su nombramiento. En la misma mañana en que el PSOE debía rearmarse tras el varapalo de Cerdán, se conocía que Salazar había renunciado a sus cargos tanto en el PSOE como en el Gobierno. La situación parecía por entonces controlada.
Las denuncias provenían de mujeres jóvenes, del entorno de 30 años: “Fue impactante porque lo primero que me dijeron es que tuviera cuidado, que ya se sabía lo que comentaba todo el mundo del jefe, y que mejor no pasar demasiado tiempo con él a solas”, relataba una de ellas. "Me empezó a decir sin venir a cuento que me quedara yo más tarde que el resto del equipo, que fuese a cenar con él o a tomar algo. Lo hacía de manera insistente. Y me decía que si se nos hacía tarde nos podíamos quedar a dormir en su casa", relataban los testimonios.
Ascendencia en el partido
Salazar es uno de los pocos sanchistas de primera hora que quedaban al lado del presidente, tras mantenerse al lado de Sánchez desde las primarias de 2016. Mano derecha de Francisco Toscano, entonces alcalde de Dos Hermanas, ayudó a Sánchez a diseñar una estrategia para derrotar a Susana Díaz y a movilizar a las federaciones con ese objetivo. Al recuperar el poder en el PSOE, Salazar trabajó para el partido y tras la llegada a Moncloa se situó como asesor en su Gabinete, un papel que mantuvo hasta el verano, salvo un periodo en que fue situado responsable en Hipódromo de la Zarzuela (de julio de 2021 a agosto de 2022). Esta trayectoria le situaba como un hombre de fuerte ascendencia en el partido. Un poder que siguió manteniendo después de su salida oficial.
Salazar también fue quien diseñó la nueva ejecutiva del PSOE, de la que él mismo iba a formar parte, y situó a una persona de su máxima confianza para ser secretaria de Organización, Rebeca Torró. En la misma mañana de su salida, algunas figuras del PSOE, como la portavoz del Gobierno Pilar Alegría le defendieron en un primer momento, aunque luego enfriaron sus palabras. Sí le apoyó abiertamente el alcalde de Dos Hermanas, Francisco Rodríguez, mano derecha de Montero en la federación andaluza del PSOE: "Pongo la mano en el fuego por él", aseguró. Hace unas semanas, se conoció que Alegría había comido con Salazar; la portavoz lo enmarcó en una cita estrictamente personal. El dirigente seguía manteniendo sus contactos en el partido. Según eldiario.es, se valió de esos contactos para crear una empresa de consultoría externa sobre política y trabajar para federaciones socialistas y la Generalitat de Catalunya, algo que la Generalitat ha negado.
Inacción ante las víctimas
"La Comisión Ejecutiva Federal iniciará estas diligencias de inmediato", aseguró el PSOE en un comunicado en la mañana en que Salazar renunció a sus cargos. Sin embargo, cinco meses de salir a relucir las denuncias, Ferraz no se había puesto en contacto con las denunciantes ni había dado curso al expediente sancionador sobre estas denuncias. El asunto se había metido en un cajón. La encargada de dirigir el caso era precisamente la nueva secretaria de Organización, Torró, a quien había situado el propio Salazar.
Las denuncias interpuestas por las dos militantes y trabajadoras de Moncloa se habían interpuesto en el canal interno del PSOE, de carácter anónimo y regido por un sistema alfanumérico, ante el miedo a hacerlo en Moncloa -donde Salazar contaba con personas muy cercanas-. Sin embargo, esas denuncias habían desaparecido del canal interno del partido, y en la aplicación aparecía como si nunca se hubieran presentado. Cuando el medio empezó a interesarse por el asunto, la última semana de noviembre, Salazar se dio de baja en el partido.
Rebelión interna
Ferraz se escudó en la imposibilidad de iniciar un procedimiento interno, puesto que Salazar ya no formaba parte del partido y no podía afrontar medidas disciplinarias ni se le podía aplicar el reglamento. A esta situación se le unió la publicación de nuevos detalles sobre los comportamientos del hombre de confianza de Sánchez en Moncloa, con testimonios de mujeres que aseguraban que Salazar "se subía la bragueta en tu cara" al salir del baño; "escenificaba felaciones y pedía vernos el escote", relataban estas denuncias. El mismo medio publicó que la vicesecretaria general del PSOE, Montero, había abroncado a mujeres del partido tras conocerse las denuncias contra Salazar, acusándolas de "querer destrozar la vida de un compañero".
Todas estas nuevas informaciones provocaron indignación generalizada en las filas del PSOE, una crisis que se intentó frenar el miércoles por la noche, cuando la responsable de Igualdad, Pilar Bernabé, convocó una reunión de urgencia con las responsables de igualdad de las federaciones para intentar aplacar los únicos. Una reunión tensa que no logró su objetivo. Algunas voces relevantes, como Adriana Lastra, delegada del Gobierno en Asturias, o Andrea Fernández, portavoz de Igualdad en el Congreso, reclamaron al PSOE llevar los hechos a la Fiscalía, ante la falta de posibles medidas dentro del partido. Sánchez dio carpetazo a esta posibilidad, al considerar que deben ser las propias denunciantes quienes tengan que hacerlo. Se abría una fractura entre la dirección y algunos sectores feministas del partido.
Disculpas y ceses
Después de la crisis abierta, el PSOE publicó el viernes un comunicado asegurando que las denuncias presentadas contra Salazar estaban "siendo analizadas y contrastadas por el Órgano contra el Acoso dentro del plazo". "La comunicación con las personas denunciantes anónimas no ha estado a la altura y precisa de ser mejorada", señalaba el partido, que admitía "no haber arropado lo suficiente" a las víctimas. El PSOE también trataba de marcar distancias con Salazar, asegurando que "el contenido de las denuncias publicadas detalla comportamientos repugnantes, intolerables e incompatibles con los valores del Partido Socialista". El propio Sánchez, el sábado en el día de la Constitución que se celebraba en el Congreso, admitía el "error" en la gestión del asunto y la falta de atención a las víctimas.
La amenaza de que el caso Salazar continúe escalando y tenga nuevas implicaciones, en Moncloa han intentado cortar la polémica de raíz con el cese de Antonio Hernández, su mano derecha en Moncloa y hasta ahora miembro de la ejecutiva del PSOE andaluz de Montero, donde también ha sido cesado. El Consejo de Ministros aprobará este martes su salida del gabinete de Presidencia, después de las informaciones publicadas que le señalaban como "cómplice" y "encubridor" de los comportamientos de su jefe. Es el primer damnificado por el caso Salazar, aunque en las filas del PSOE continúa el malestar por la mala gestión de la situación.
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