Nuestro lado más oscuro

Los personajes que rompen las reglas nos fascinan. ¿Será que nos gusta ser malos? ¿Nosotros, como Frank Underwood, también haríamos lo que fuera por conseguir poder? Exploramos esa parte de nosotros que nos esforzamos por esconder.
¿Si fueras el protagonista de una serie de ficción, quién querrías ser: el bueno o el malo? ¿Y en la vida real? Los experimentos que se han llevado a cabo a lo largo de la Historia para demostrar la maldad oculta del ser humano han dejado boquiabierto a más de un profesional de la psicología. A algunos de los participantes les ha costado la vida. Advertimos de que este artículo puede herir la sensibilidad del lector.
Bea Lara / Laura Sánchez. Madrid

En 1971, el doctor Philip Zimbardo buscaba el porqué de los problemas que surgían cada día en las cárceles americanas. Reunió a un grupo de estudiantes para llevar a cabo un experimento en el que unos harían el rol de carceleros y otros el de prisioneros. La prueba tenía, inicialmente, una duración de dos semanas, pero a los seis días todo estaba fuera de control. Los estudiantes se habían tomado tan en serio el poder que el experimento les daba que se produjeron abusos y otros actos de brutalidad extrema. Pasó a la historia como ‘El experimento de la cárcel de Stanford’ (California) y sirvió de inspiración para dos películas: Das Experiment (2001) y The Experiment (2010).

The Experiment (2010) The experiment (2010)
Marina Abramović Marina Abramović

Tampoco nos olvidaremos fácilmente de Rhythm 0 (1974), la primera performance explosiva de la artista Marina Abramović. La serbia reunió a un grupo de personas en una sala, junto a una mesa con 72 instrumentos muy variados: desde un lápiz o un perfume, hasta cuchillos o un hacha, entre otros horribles artilugios. Allí, la artista comunicó al público que no se movería durante seis horas, pasara lo que pasara, e invitó a los asistentes a utilizar los instrumentos como quisieran.

Impulsos transgresores

Ya lo dijo el poeta y humanista Fray Luis de León (1527-1591): “Para hacer mal, cualquiera es poderoso”. Todos nosotros, en algún momento, hemos soñado con hacer algo malo. No pasa nada, no nos sentimos mal por ello. Es nuestra tendencia innata a la violencia. Aunque lo normal es que, en la vida real, jamás hagamos nada malo de forma consciente.

Cita de John D. Rockefeller Cita de John D. Rockefeller

Por eso, en las películas o series de ficción, siempre tendemos a empatizar más con el ‘malo’. “Tienen un perfil más transgresor, hacen cosas incorrectas… Es como el yin y el yang: todos tenemos una parte buena y una mala, y a todos nos gusta explorar lo prohibido. Este tipo de personajes juegan con la despersonalización. Por ejemplo, nos pueden gustar los personajes violentos, pero no vemos los efectos reales de lo que están haciendo”, explica el doctor en Psicología Guillermo Fouce, que imparte clases en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y preside la fundación privada Psicólogos Sin Fronteras.

De la misma opinión es José Félix Rodríguez, psicólogo especialista en psicoterapia y coordinador de la Sección de Psicología Clínica y de la Salud del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid: “En muchos casos, los malos hacen realidad impulsos que nosotros reprimimos. Por ejemplo, en Breaking Bad podemos admirar la capacidad del protagonista para enfrentarse a su enfermedad al principio y para salir de la persecución de los policías que no lograban ‘pillarlo’. Pero difícilmente nos podemos identificar con su proceso gradual de deshumanización. Admiramos su inteligencia, sobre todo”.

Breaking Bad Breaking Bad

Así es también en el caso del doctor Gregory House, el mafioso Tony Soprano, el forense y psicópata Dexter, o del presidente Frank Underwood, interpretado por el actor estadounidense Kevin Spacey: el antagonista por antonomasia, el ‘malo malísimo’ que ansía el poder por encima de cualquier circunstancia. “El pueblo estadounidense no sabe lo que le conviene. Yo sí. Sé exactamente qué necesita el pueblo”, dice Underwood en el tráiler oficial de la quinta temporada de la serie House of Cards, que llega el miércoles 31 de mayo en exclusiva a Movistar Series (estreno en maratón en DUAL, al día siguiente de EE UU), después de cautivar a millones de personas en todo el mundo desde su estreno en 2013.

La nueva ficción

La forma de hacer grandes series ha venido evolucionando desde los años 90. Hace unos años, los buenos luchaban contra las injusticias y normalmente había un final feliz. Pero esa idea ya no es el patrón, y en estos nuevos formatos la industria estadounidense sigue marcando el paso. “Hemos pasado de los arquetipos a otro tipo de personajes que cada vez están más a pie de calle, con historias cotidianas. El malo lucha por aquello que quiere, y llega hasta el final, sin importarle las consecuencias”, comenta el guionista, creativo y director Raúl Serrano. “El protagonista ya no tiene que elegir entre el bien y el mal, entre lo correcto o lo incorrecto: ahora tiene que elegir entre lo malo y lo peor. Ya no existe el mundo de los justicieros que luchan contra las injusticias. Ahora el antagonista se ha convertido en el protagonista”, añade Serrano.

Los seriéfilos afirman que este mercado, como pasa en casi todos los sectores, está saturado. Hay que reinventarse. “A todos nos gusta salirnos de la norma. Si puedes construir una realidad más potente que la propia realidad, lo haces. Es lo mismo que ocurre en los medios de comunicación… ¿Qué es noticia: que el perro muerda al hombre o que el hombre muerda al perro? Todo lo que se salga de lo normal o lo habitual nos atrae más”, dice el psicólogo Guillermo Fouce.

Estos mismos expertos aseguran que las series familiares ya no se llevan, sino que ahora prima la historia alrededor de un solo individuo. Las historias ya no son tan imaginarias como antes, sino que cada vez son más reales, y los guionistas juegan con el inconsciente del espectador, que tiende a ser rebelde. Así, la imagen del malo de la serie ya no se asemeja a un personaje que odiamos, como ocurría antaño, sino que tiene condicionantes que nos llegan a hacer justificar sus propios actos.

Frank Underwood Frank Underwood

“Ya no valen, ni son creíbles, los protagonistas perfectos o pluscuamperfectos; no conseguirían la empatía y simpatía del público de la misma manera. Humanizar al héroe y a la heroína les asimila y les acerca a los espectadores. Los protagonistas tienen problemas, sufren dilemas éticos, morales y políticos, dudan para tomar decisiones. Esa falta de perfección les hace más humanos”, asegura Graciela Padilla, profesora de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, especializada en ficción televisiva, y Ética y Deontología, entre otras áreas.

Más allá de lo prohibido

“En estos momentos, todos sabemos que el orden establecido es injusto, limita la libertad de los individuos. Por ejemplo, ahora se supone que hay que elegir entre la familia y el trabajo, y lo socialmente correcto es elegir la familia, aunque todos sabemos que eso nos puede traer problemas. El malo de las series lucha por lo que quiere hasta el final y ‘la lía parda’… Y todos en algún momento nos hemos sentido identificados”, afirma Raúl Serrano.

Frank Underwood Frank Underwood

¿La ficción es cada vez más retorcida y obliga al espectador a jugar con esa doble realidad, o viceversa? “Las series van dirigidas a un público al que podríamos llamar ‘buscador de emociones’. Todos buscamos historias que nos hagan sentir emociones básicas. Por ejemplo, la alegría es una emoción básica pero, sin embargo, el miedo es más fácil de generar, más universal. Todo el mundo tiene miedo a lo desconocido y, al mismo tiempo, nos atrae”, explica Guillermo Fouce, autor del libro La psicología del miedo.

Incluso, Fouce va más allá: “El miedo no solo es una estrategia para la ficción, sino que es una herramienta política o de manipulación. Te meto miedo y te hago sentir que yo soy la solución a ese miedo. Vivimos en la época del miedo”. Este recurso se utiliza en House of Cards al final de la cuarta temporada, cuando Frank y Claire Underwood, para continuar en su posición de poder, utilizan la vulnerabilidad de la población estadounidense como argumento para aplicar medidas extremas. Cuando el pueblo tiene miedo, solo busca estabilidad y calma, y juegan con eso a su favor. ¿Qué más da un presidente corrupto si la población se siente segura?

Nos gustan las historias que juegan con el miedo. Sin darnos cuenta (o siendo totalmente conscientes de ello), los espectadores somos masoquistas por naturaleza. Según José Félix Rodríguez, lo hacemos “para dar rienda suelta a nuestras ansiedades persecutorias, que nos acompañan desde el origen del psiquismo y se manifiestan en los sueños, pesadillas, miedos infantiles, fobias...”.

Graciela Padilla, autora del estudio Los antihéroes televisivos desde las perspectivas del Análisis Transaccional y desde las relaciones entre la ética, la moral y la política, nos cuenta que actualmente está escribiendo un libro sobre los protagonistas de series criminales: “En muchos casos, esos protagonistas que resuelven crímenes no son, precisamente, excelentes personas, pero sí excelentes profesionales. Quizá no les querríamos como amigos, familiares o parejas. Pero sí les llamaríamos para resolver un crimen: porque son los mejores en su trabajo”.

Frank y Claire Underwood Frank y Claire Underwood

Con las series, ocurre lo mismo. Sus protagonistas están en la pequeña pantalla, pero nos los creemos. “Sus motivaciones, sus palabras y sus acciones son realistas, aunque no reales. Y están tan bien construidos y definidos, con conflictos vitales tan fuertes, que sentimos la necesidad de acompañarlos y convertirnos en cómplices porque su bondad les redime, finalmente, de las que cosas que hacen mal”, comenta Padilla.

Al espectador le gusta sentir, aunque solo sea en esos momentos de evasión delante del televisor, que el protagonista puede cambiar las cosas. “El mundo en el que vivimos es injusto, nos condiciona. Somos capaces de cambiar la libertad por la seguridad. En la ficción, los protagonistas no quieren cambiar nada, deciden vivir libremente hasta el final, no quieren estar protegidos, no creen en las leyes sino que ellos mismos crean su propia ley”, afirma Raúl Serrano. “El antagonista es el máximo reflejo de nosotros mismos. Es nuestra catarsis, tiene libertad para hacer lo que quiera. A todos nosotros nos gusta sentirnos así”, añade el guionista.

Ambición y poder

“Libertad para hacer lo que quiera”. Leyendo esto, a todos nos viene a la cabeza Frank Underwood, el malvado congresista de House of Cards, que después de su nombramiento como secretario de Estado, inicia un despiadado plan para llegar a ser presidente de Estados Unidos. A costa de lo que sea. “Vemos en Frank Underwood lo que creemos que hacen, o han hecho, algunos políticos, pero no querríamos saber. House of Cards nos permite estar al otro lado, ser protagonistas, en lugar de espectadores. Ver la serie nos puede hacer ciudadanos más críticos y reflexivos, porque tenemos ingredientes de lo que ocurre al otro lado, desde la posición de los que nos gobiernan”, explica Graciela Padilla.

Interpretar a Frank Underwood no ha sido una tarea sencilla para Kevin Spacey. Para la preparación del papel compartió largas jornadas con diferentes políticos de California. Y lo consiguió, con creces. De los seis premios cinematográficos que llenan su palmarés, destaca el Globo de Oro en 2015 como mejor actor por meterse en la piel de Underwood.

Javier Dotú, escritor y actor de doblaje, lo conoce bien. Es la voz española de Kevin Spacey desde siempre, al cual admira. “A la hora de aceptar un doblaje, siempre me fijo en el actor, quiero trabajar con un buen actor, que me obligue a estar a la altura de su interpretación”. Sin embargo, no tiene preferencia entre personajes “buenos” y “malos”: “Me gusta tanto ponerle voz al malvado Frank Underwood en House of Cards como me gustó hacerlo en el caso del adorable profesor Eugene Simonet de Cadena de valores”.

Dotú explica que cada papel es un mundo, y una serie con un ritmo tan dinámico como House of Cards exige una buena preparación. “Puedo estar cinco o seis horas delante de un atril tosiendo, corriendo, suspirando, gritando… Al principio, vi la serie en versión original, estudié al personaje y la complicidad que en todo momento mantiene con la cámara”. Esa complicidad, que ayuda al espectador a desarrollar la empatía con Frank Underwood gracias a la ruptura de la cuarta pared, es parte del magnetismo del personaje. Dotú tiene que lograr que suene creíble en la versión en español: ”Conseguir que el espectador se crea mi voz en español en un actor que en realidad está hablando en inglés es muy complicado, y ese es mi mayor reto y mi mayor satisfacción”.

Cautivar al espectador. Ese es el objetivo de directores, guionistas, actores… Los malos malísimos llegan para despertar nuestros instintos más profundos y, aunque sea en la ficción, rebelarnos contra todo.

Por cierto, si has sido capaz de seguir leyendo más allá del titular y terminar este artículo, eres el espectador perfecto, el antagonista al otro lado de la pantalla, capaz de poner al límite sus más oscuros deseos.

Kevin Spacey es Frank Underwood Kevin Spacey es Frank Underwood

Pero no hay que preocuparse, es solo ficción. Lo asegura la profesora Graciela Padilla: “Los protagonistas catódicos son un retrato de lo que somos, o de lo querríamos ser, y nos da vergüenza confesar. Son nuestras ilusiones y nuestros miedos, nuestros sueños y nuestras pesadillas. Es mejor vivir lo bueno y lo malo desde los ojos de un protagonista de una serie: compartimos la experiencia, las emociones, la adrenalina y las risas, pero siempre podemos pulsar ‘pause’ o respirar cuando llegan los títulos de créditos. Por eso, en clase, siempre digo que es sano consumir ficción y me pongo de parte de la corriente psicológica que considera que ver violencia no engendra violencia, sino que educa y activa cierta catarsis mental que nos hace personas un poquito más felices en la realidad”.

Ponte a prueba

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¿Reconoces las parejas?

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House of Cards no es sólo una serie de tensiones sexuales y círculos de poder dentro de la Casa Blanca. Sin duda hay parejas y algunos de los personajes son susceptibles de aparecer con otros muchos, tanto en el plano profesional como en el personal. Y como en la propia vida, surgen pequeños lobbys que hacen más inquietante si eso es posible, cada una de las impresionantes escenas que conforman una de las mejores series en la historia de la televisión. Te preguntamos: ¿reconoces a las parejas de este juego de memoria? No son sólo parejas sentimentales, son parejas de poder, deseo, conveniencia… ¿Quién va con quién?

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¿Cuánto sabes de House of Cards?

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¿Cuánto sabes de House of Cards? ¿Dónde se ha rodado? ¿En qué novela está basada la trama? ¿Qué personaje estaba hecho para aparecer solo dos episodios, pero que perpetuó su rol en la serie? Pon a prueba tus conocimientos y demuestra que no se te escapa ningún detalle.

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