04 de julio de 2011
04.07.2011
 

Somió bendice a don Pío

Somió se vuelca durante la fiesta sacramental de San Julián en el homenaje a su párroco, que le ha dedicado cincuenta años de su vida

04.07.2011 | 10:20

La fiesta sacramental de San Julián de Somió que tradicionalmente se celebra el domingo siguiente al Corpus Christi tuvo ayer un significado muy especial. Ángel Pío Sánchez cumplía 50 años al frente de la parroquia, así que la solemnidad tuvo doble emoción y trascendencia. Y belleza; la feligresía se volcó en darle el mayor brillo posible al acontecimiento. Y como cada domingo, allí estaba el hombre, con su larga e indesmayable vida de servicio a la espalda, con la misma humildad, el mismo cariño, el mismo fervor... Era un chaval de 33 años cuando aquel verano de 1961 llegó a Somió con su equipaje lleno de amor a Dios y a los hombres, y en 50 años aún no ha tenido tiempo para gastarlo, pese a repartirlo con la prodigalidad de los santos.

En un templo en que no cabía ni un alma más, bellísimamente adornado en profusión de blanco y verde, con decenas de niñas vestidas de asturianas, se inició la misa oficiada por don Pío, acompañado de siete sacerdotes, entre ellos el arcipreste Adolfo Mariño, el jesuita Antonio Allende y el coadjutor José Vicente. Antes, Adolfo Mariño transmitió el saludo del Arzobispo, del que pensamos que habrá tenido un compromiso muy grande para no asistir al gozoso y trascendente cumpleaños; de cualquier modo, alguien tendrá que dar razón. Adolfo Mariño manifestó cómo hace años, casualmente, pudo descubrir los madrugones de don Pío, cómo abría la iglesia y se postraba a diario ante el Sagrario en absoluta soledad. «Ése es el sitio de la fidelidad, el secreto para encontrar las fuerzas de esos 50 años», dijo, antes de informar de las cartas recibidas de los obispos Atilano Rodríguez, Raúl Berzosa, Gabino Díaz Merchán y Carlos Osoro, rematadas por la de Su Santidad, Benedicto XVI.

El Coro de «San Julián», que pasa por un magnífico momento, acompañó toda la liturgia entonando la «Breve misa latina», de Mateo Bullón. En la epístola, Magdalena Loring y Francisco González Cuesta dieron lectura a los textos del profeta Zacarías y San Pablo a los Romanos. A su vez, Adolfo Mariño se encargó del Evangelio de San Mateo. Y una vez más, como tantos y tantos domingos, pasan de 2.500, don Pío desplegó el papel de su homilía. Fue breve. Tras insistir en el valor de la eucaristía y agradecer el homenaje de sus feligreses, dedicó éste a todos los párrocos de Asturias y en especial a sus antecesores; el primero se remonta al siglo XVI, y el que más duró en el cargo fue Antonio Fuente, que gobernó San Julián de 1854 a 1900, cuatro menos que él. «Doy gracias a Dios por haberme rodeado de tanta gente buena, incluso autoridades, asociación de vecinos, niños, feligreses...». Y en especial citó a Soledad Lafuente y Javier Fernández de la Vega, encargados de la fiesta.

Mientras repicaban las campanas, y una vez entonado el «Tantum ergo» ante la custodia, se inició la procesión, seguida por la multitud y acompañada por la Banda de Música de Gijón. Doce miembros de Protección Civil velaban por el orden. Tras el recorrido, el Himno nacional despidió a la comitiva a las puertas de la iglesia. Pero faltaba la última celebración de la mañana: descubrir el busto de don Pío en bronce, obra de Miguel «Ponticu», colocado sobre una hermosa piedra donada por los gemelos Teodoro y Gerardo Morís, con el que la parroquia de Somió ha querido inmortalizar la presencia de don Pío en el propio campo de la iglesia. «La piedra es mi corazón -dijo don Pío-, que se queda aquí con vosotros mientras viva y también después, si Dios me lleva con Él a la gloria». Alguien musitó: «Si no lo lleva a usted...».

Un almuerzo en los salones de Llorea Golf completó el homenaje de Somió a su querido párroco.

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