08 de marzo de 2019
08.03.2019

Retomar la rutina después de un ictus

Hace cinco años, un accidente cerebrovascular alteró la vida de Manuel González y de su familia, quienes celebran su satisfactoria rehabilitación gracias al centro ovetense DNeuro

08.03.2019 | 18:01
Retomar la rutina después de un ictus

Cuando menos se espera, la vida puede dar un giro inesperado, obligando a uno a replantearse las cosas cuando, aparentemente, la vida es plena y está resuelta. Tras trece años como prejubilado de Hunosa, en diciembre de 2013 Manuel González Rodríguez, conocido como Paco, se convirtió, oficialmente, en un jubilado. Y tocaba disfrutarlo.

Padre de dos hijas, Noelia y Ana María González Suárez, amante de la vida sana –sin grasas, tabaco ni alcohol– y del deporte, sobre todo el running y la bicicleta estática, el 23 de mayo de 2014 se disponía a entrar en la ducha y de desvaneció. Lo siguiente que recuerda es estar ingresado en el hospital, en pleno mes de agosto, con la parte izquierda de su cuerpo paralizada, y una espalda dolorida y llena de injertos. "No me acuerdo de nada, y ni ganas tengo de hacerlo", cuenta Paco, quien reside en Pola de Lena y actualmente tiene ¬
63 años.

Su mujer, Azucena "Zuce" Suárez Rodríguez, tiene el problema contrario: no puede olvidar lo que se encontró al llegar ese día a casa, aproximadamente unas dos horas después del desvanecimiento de su marido. Paco no sólo estaba inconsciente en la bañera, sino que la alcachofa de la ducha, pegada a su espalda, le había provocado una grave quemadura de la que, afortunadamente, hoy solo queda una cicatriz que apenas produce molestias. "La verdad es que tuvo mucha suerte, los injertos en la zona quemada han curado muy bien y los neurólogos dicen que su saludable estilo de vida le ha ayudado mucho a recuperarse, aunque aún queda trabajo por delante", cuenta Zuce, quien dos veces por semana acompaña a su marido al centro ovetense DNeuro, abierto en julio de 2017, donde está llevando a cabo una más que satisfactoria rehabilitación gracias a la labor conjunta de los profesionales que allí trabajan, capitaneados por el fisioterapeuta Daniel Gilsanz Maderuelo y la terapeuta ocupacional Raquel Fernández Suárez.

Especializado en pacientes neurológicos, este centro está consiguiendo que personas como la familia González Suárez vean la luz al final de un túnel que no esperaban encontrarse en su camino. Llegar hasta aquí no ha sido sencillo. "Tras cinco meses ingresado, primero en el HUCA y luego en el Monte Naranco, volvimos a casa y le empezaron a hacer curas ambulatorias en el Álvarez-Buylla de Santullano", cuenta Zuce, quien en esos momentos sufría especialmente por el estado anímico de su marido. "No era él y para acelerar su recuperación lo llevé a un centro de fisioterapia de Pola donde se portaron genial con nosotros, pero estaban especializados en rehabilitación deportiva y los avances eran lentos", reconoce. Buscando en la red, encontró un centro especializado en Colloto y no dudó en llevar allí a su marido. Es lo mejor que les pudo pasar, ya que su recuperación, especialmente la de la pierna, comenzó a mejorar a pasos agigantados. Gran parte de culpa de ello, aparte del tesón y la buena voluntad de Paco, la tuvo el fisioterapeuta Daniel Gilsanz. Tanto es así que cuando este dejo su trabajo para iniciar una nueva andadura en DNeuro, no dudaron en irse con él.

Están encantados, así lo reconoce Zuce, quien disfruta viendo como su marido casi vuelve a ser el de antes. Hay limitaciones que le acompañarán siempre, pero ya ha recorrido un buen trecho. No puede contar con un mejor equipo para ello: por un lado, la familia "de sangre", capitaneada por Zuce, sus hijas y su nieta, la pequeña Daniela Durán, quien a sus nueve años está totalmente volcada en la recuperación de su abuelo, y, por otro, la que ha formado con el equipo que tanto le está ayudando en su rehabilitación. Por un lado, la neuropsicóloga Inmaculada Pérez Tamargo, quien realiza con el paciente una Estimulación Transcraneal con Corriente Directa (TCDS ) –a través de electrodos, activa el cerebro aumentando la neuroplasticidad de la zona afectada para conseguir una mayor movilidad–. En el caso de González, se está trabajando especialmente con su brazo izquierdo, extremidad cuya recuperación está siendo más lenta. Por otro lado, está la logopeda Nagore González, quien busca sobre todo prevenir la disfagia –dificultad para tragar–, problema muy común en este tipo de pacientes que suelen broncoaspirar y en ocasiones se ahogan; las terapeutas ocupacionales Laura Marinas y Raquel Fernández y, como no, Daniel Gilsanz, quien celebra la gran recuperación de su paciente. "A nivel motor ha recuperado mucho gracias en gran parte a la indiba, que además de acelerar la recuperación alivia el dolor, regenera tejidos y reduce la inflamación, además de reducir la sensación de pesadez en las extremidades", cuenta.

Actualmente, Paco hace vida más o menos normal. Su mujer le ayuda a ducharse y vestirse, aunque según Gilsanz "podría hacerlo él solo, porque lo hemos trabajado mucho y ya lo tiene controlado", y sale a pasear y a tomar algo con sus amigos, además de realizar los ejercicios que le marcan los profesionales que le atienden. Es muy disciplinado, dicen. Eso sí, debe tener siempre cerca el teléfono porque su esposa no permite que pase mucho tiempo sin tener noticias suyas. "Si veo que tarda en contestar, o no me lo coge, me asusto mucho", cuenta ella.

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