Opinión | Nuevas epístolas a "Bilbo"
Cueva de cuentacuentos: Póliza de una muerte anunciada
"Fallecimiento por accidente: 200.000,00 euros".
"Fallecimiento por cualquier causa: 50.000,00 euros".
Humbert Humbert, el baboso padrastro de la pubescente Lolita, tuvo la suerte de cara. No necesitó aplicar ninguno de los planes homicidas ideados para deshacerse de Charlotte Haze, desposada con él por impuro interés y madre de la jovenzuela que da título a la novela. Un coche la atropelló de manera fortuita cuando se dirigía a la carrera a depositar tres cartas delatoras en la oficina de correos de Ramsdale. El cerdo pederasta protagonista del relato de Vladimir Nabokob quedó, gracias a aquel accidente, sin estorbos para abusar a sus anchas de la nínfula.
Al sujeto de nuestra microhistoria lo llamaremos Héctor Héctor. No vamos a ser menos ingeniosos que el novelista rusoamericano. Héctor Héctor no tenía claro cómo salir de un atolladero radicalmente distinto de las cansinas y aburguesadas cuitas de Humbert Humbert. Se trataba de un asunto dinerario: un endeudamiento hasta las cejas, hasta el año catapún, le embargaba el ánimo y amenazaba el futuro inmediato de su mujer e hijos. Nada que ver con las depravaciones que se narran en "Lolita".
Mentira cochina. Mentira y gorda. Héctor Héctor planificaba una muerte, su propia muerte, con el fin de resolver la fatigosa papeleta económica que afectaba gravemente a su familia. Las cifras que figuraban en la tabla de la póliza de vida que aparecía en el convenio colectivo de la empresa le inspiraron, lo pusieron en la pista de la solución, aunque no lo convencían del todo. Encontraba cierta desproporción entre la cantidad asignada al fallecimiento por accidente y la establecida por cualquier causa. Ni corto ni perezoso, propuso formalmente al comité de empresa introducir en la póliza de vida una variable que le resolviera el problema:
"Póliza de una muerte anunciada: 100.000.00 euros".
Los representantes sindicales le notificaron, al poco, que habían trasladado su propuesta a la dirección de la empresa. Que esta, después de largas deliberaciones, no la veía finalmente con malos ojos, aunque habría que esperar a su inclusión en el próximo convenio. Héctor Héctor se dijo que bueno, que las esperanzas, además de ser lo último en perderse, se mantenían en alto, que el nuevo convenio se firmaría en un año a más tardar, plazo idóneo para disponer con todo detalle una muerte digna, la suya, y anunciarla en tiempo y forma al comité, a la dirección de la empresa y a los cuatro vientos.
Suscríbete para seguir leyendo
- La gijonesa Cristina Méndez, premio de la Real Sociedad Española de Física, fallece a los 31 años
- Fallece Fran Rosal, encargado durante dos décadas del mítico Bulevar de Gijón
- La Audiencia de Gijón respalda el desahucio de un hijo de 24 años por la mala convivencia con los padres
- Atasco kilométrico en la autovía Minera: un accidente entre dos coches en un túnel moviliza a la Guardia Civil
- Susto en Gijón: trasladan al Hospital de Jove a una mujer tras sufrir un golpe de calor en el Arbeyal
- Samuel Trabanco, lagarero: 'Toda la vida vi traer manzana de Galicia y nunca oí en el chigre: ‘Esa sidra ye gallega’
- Siete tiendas de campaña plegables y tres sillas en altura darán servicio a los socorristas de playas, sin torres de vigilancia nuevas este verano
- Dos gijoneses de 24 y 26 años, investigados por 'el pique' de velocidad que provocó el vuelco de un bus en Gijón
