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Venezuela: ¡qué fruta tan jugosa!

La situación del país tras las elecciones presidenciales

Tras las elecciones presidenciales del 28-J Venezuela se ha convertido en el oscuro objeto del deseo de toda la política occidental, algo insólito si simplemente valoramos unos hechos políticos al uso en cualquier país, según su circunstancia geopolítica propia. Pero está claro que ahí hay mucho más, ya que obviamente su riqueza petrolera implica un intento indisimulado de poder intervenir en su futuro político y económico. Si no fuera así, los avatares electorales pasarían casi desapercibidos para la opinión pública mundial, contando siempre con una diversidad de aproximaciones como las que se pueden hacer sobre las numerosas casuísticas existentes en el ámbito internacional.

Pero no, el asalto al poder político en Venezuela viene siendo ya una constante, que va pasando por fases distintas, por ahora siempre fallidas, desde que en abril de 2002 Hugo Chávez lograra frenar la sonada derechista que provocó un golpe ficticio para disgusto del mismísimo Aznar. Y que luego tuvo en el affaire de Juan Guaidó el ejemplo más funambulesco de cualquier iniciativa política que se precie, aunque se hiciera con el apoyo explícito de los países más avanzados, incluido el nuestro, para el absoluto descrédito de las democracias liberales.

Precisamente porque llueve sobre mojado, no estaría de más que los líderes occidentales fueran más prudentes a la hora de valorar el nuevo proceso electoral de Venezuela. Al menos una neutralidad exquisita requeriría aplicar un respeto coherente a la institucionalidad del país afectado, máxime cuando las elecciones se habían pactado con la oposición y su legalidad parecía de todo punto aceptable como regla de juego para todas las partes.

En ese contexto, la expresión pública de los resultados, efectuada por el Consejo Nacional Electoral, debiera tener una presunción de veracidad relevante, la cual no se ha respetado por los países más influyentes, si bien ha habido casos más equilibrados dentro del ámbito latinoamericano. Más aún, cuando Maduro recurre al Tribunal Superior de Justicia, ante la insistente denuncia de la oposición, y éste ratifica los resultados anteriores, sinceramente debiera haberse zanjado el asunto, pues resulta inviable gestionar los procesos sin contar con la institucionalidad del país convocante.

La insistente petición de enseñar las actas me parece un mantra propagandístico, pues según las características del proceso y sobre todo con el jaqueo sufrido por el sistema electoral in situ, es difícil calibrar la importancia de ese trámite para detectar la realidad electoral. En todo caso, es una incursión inédita, de la que desconozco antecedente alguno, cualquiera que haya sido la circunstancia política.

En otro aspecto, existe una falacia clara queriendo imputar al régimen los desórdenes públicos y la violencia producida, ya que existen pruebas evidentes de que sectores de la oposición han actuado con total temeridad, después del 28 de julio.

El asilo político en España para Edmundo González Urrutia, candidato opositor, debiera suponer un cierre lógico del conflicto, pero la derecha y la extrema derecha saben que van a encontrar eco en la UE para mantener su apuesta victimista, esto debiera estar destinado al fracaso, si no hubiera intereses tan poderosos en alentarla, y a saber que nos deparan las últimas detenciones, que aún pueden implicar auténticos disparates.

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