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Opinión | Añoralgias

El cínico capitán Renault

Quién iba a decirle a Claude Rains que el recurrente "¡Qué escándalo; he descubierto que aquí se juega!" del capitán Renault en ‘Casablanca’ también resumiría la actualidad en España al cabo de casi un siglo. Ahora que los mohínes de un compungido presidente del Gobierno precedieron a su conjura de resistir el asedio, y los editores de telediarios se debaten entre abrir escaleta con un sanchismo en liquidación por la onda expansiva de una bomba de racimo, o empezar en modo planetario mirando de reojo a Oriente Medio, bajo amenaza de hongo nuclear. A un "¡he descubierto que aquí se roba!", como quien clausura el Rick’s Café y a la vez se guarda su porcentaje de responsabilidad, sonó la comparecencia de Sánchez en Ferraz ante la prensa, que casi empataba con el “lo siento mucho, me he equivocado” de cuando se escapó Juan Carlos a Botsuana con rifle y todo, en viaje de placer.

Un capitán Renault escandalizado es Sánchez escenificando enfado y abatimiento –olvidando que cuando lo de M. Rajoy no le bastaba con que Mariano pidiera perdón– y también lo es Feijóo hablando todo el rato de mafia y cloacas, con Villarejo mediante, el 11M de ETA detrás y doscientos y pico cadáveres en la mochila de un amigo que tiene en Valencia, pendiente de repudiar. Policía cínico de ‘Casablanca’ es Esperanza Aguirre rodeada de reporteros, pontificando sobre decencia política sin que se le mueva ni media pestaña; o quienes en la ejecutiva del PSOE se tragaron no hace nada un congreso federal sin toserle siquiera al Gran Líder, y hoy abominan de su peculiar olfato para nombrar secretarios de Organización. Así hasta Eduardo Madina, que ha salido a reivindicar la ética añorada del felipismo, con su Filesa, su Roldán, sus fondos reservados… su Vera y Barrionuevo y su cal viva.

La película apunta a un desenlace berlanguiano, más en la línea cutre de "Moros y Cristianos" que del aguafuerte sublime de "La Escopeta Nacional". Para entonces, algún gran empresario propenso a pagar bajo manga para adjudicarse obra pública habrá salido en la tele, pero para denunciar que España es un infierno fiscal. Seguiremos abrazados a la idea de que la corrupción y el saqueo, como los modales de fantoche, la pinta de ceporro o esa repulsiva vena machista, se limitan al ámbito de la política y no constituyen una lacra social. Que cuando te preguntan si el cambio de bañera por ducha lo prefieres pagar con factura o en B y ahorrarte el IVA, tú eliges por convicción lo primero –porque quién va a sostener la Sanidad o las autopistas– y no vas arrastrando tu cara de panoli durante días.

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