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RAFA QUIRÓS

Veleros y caravanas

Sentados en un banco de Poniente como Forrest Gump y Jenny, imaginando ese Natahoyo ecléctico entre la economía azul (marino) y un Tallerón traspasado a la industria de defensa, por no poder atenderlo. Frente al Acuario cruza ante nosotros una pareja que a Miguel Mihura enseguida le habría parecido matrimonio: la mujer pasea unos metros delante del hombre, hablándole al móvil como quien refiere el parte de incidencias del primer día de vacaciones.

—Vamos a ir ahora a probar la sidra… Ya hemos comido cachopo y menos mal que pedimos pa compartir… Hemos bajao por el Cerro y estamos en la playa… Todo muy guapo; un airecito fenomenal… Lo peor de todo, el aparcamiento.

El cachopo XXL y dónde dejas el coche son lo bueno y lo malo de Gijón como destino turístico. Los portales de reservas lo irán reflejando este verano en el que a primeros de julio ya no cabíamos más, por mucho que el lobby mediático insista con sus islas y sanfermines. A media mañana ya tenemos inquilinos vacacionales por el Muro remolcando carretas atestadas de niños y tumbonas, y a media tarde confundirías el paso de cebra entre los dos tramos de Corrida con el mítico de Tokio, a vista de dron. El matrimonio de Mihura ha "bajao por el Cerro" y de subirlo ni habla, pues el acceso al Elogio lo tenemos vallado en pleno verano para disgusto de tik-tokers e instagramers. Un intento de desestacionalizar o un guiño a nuestra fabulosa colección de obras públicas que se eternizan.

Pasó desapercibido el mensaje sutil que la guardiamarina Leonor dejó en su histórica y muy promocionada visita. Comió un cachopo (a compartir con Sofía, pues sería descomunal) y se marchó en un velero llamado Sebastián, a lo José Luis Perales. Ahorrándose lo peor de todo porque lo mismo da el centro que Cabueñes; en Gijón no hay quien aparque.

Como Elcano solo hay uno —y heredera al Trono, también—, una opción en alza es la autocaravana, que hace años sonaba a familia de hippies holandeses y hoy se propaga en nuestro ecosistema como especie invasora. En El Rinconín suelen apalancarse durante días sin cotizar ni tique de la ORA; por Viesques y el Campus se expanden como plumero de la Pampa y El Molinón es un asentamiento, pronto con hipermercado a la puerta. En la Concejalía del ramo no anduvieron finos al principio para cobrar 5 eurinos por vehículo y noche, tasa simbólica que hoy ya habría recaudado como para taponar las goteras del estadio, ampliarlo y cubrirlo para festivales.

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