Opinión
Los cuatro verbos de la inmigración
El movimiento poblacional migratorio es el problema más grave y urgente que tiene Occidente, juntamente con los conflictos bélicos de Ucrania y Palestina. En España nos ha saltado la alarma en el municipio murciano de Torre Pacheco al ser agredido un hombre jubilado de 69 años, D. Domingo, por tres jóvenes magrebíes. Fue la bomba, posiblemente encendida desde fuera por dudosos intereses, que hizo explotar la xenofobia y las cacerías de inmigrantes. Tiene en la actualidad más de 40.000 habitantes de los que el 30% son inmigrantes que trabajan en su pujante agricultura. Contra lo que parecía, quedó manifiesta la dificultad de la integración visibilizada en los de la segunda y tercera generación. Una de las frases más acertadas fue la del mismo jubilado agredido, quien deseando que todo siga como antes, solo pide que "se quede la Guardia Civil" para lograr una buena convivencia.
La inmigración es inevitable y lo que es más, necesaria en Europa por el serio déficit de natalidad. Es inaudito la protección y promoción del aborto y el descuido y desamparo del matrimonio y su descendencia. Sin inmigrantes la pirámide de la población se invertiría. Hoy en España son más de 8 millones. Los demógrafos hablan de 24 millones necesarios en el 2050 para mantener actividades y trabajos como la agricultura, los servicios, la construcción… y, sobre todo, sostener la seguridad social. Por ello, en el estado actual, la inmigración ni se debe ni se puede parar. Lo que hace falta es prestarle mayor atención y que los responsables políticos se afanen en buscar soluciones y no poner parches alargando el problema dándole un uso partidista al conflicto. Lo de Canarias clama al cielo y… grita a la tierra. Hay otro problema de mayor calado que es si la multiculturalidad es viable y posible o, al final, acaba imponiéndose la cultura más vigorosa que puede ser la que traen y practican los migrantes, viviendo en guetos y dando cabida a sus leyes.
No cabe oponerse drásticamente a la inmigración ni tampoco servirse de ella solamente como mano de obra barata. El que ha acertado con mayor clarividencia sobre este problema fue el papa Francisco, primero con su impactante viaje a Lampedusa, luego ofreciendo su orientación para afrontarlo. En este tema fue el profeta de nuestro tiempo. La equivocación está en que imperan los populismos. Son paradigmáticos los cuatro verbos con los que él describió el camino a seguir: "Acoger", de manera que puedan entrar de modo seguro y legal. "Proteger" sus derechos y dignidad. "Promover" el que puedan realizarse como personas esforzándose en la inserción socio-laboral. Y por último, la más difícil, "integrar", sus aspectos culturales validos con "la cultura del encuentro". Hay realidades que han puesto en marcha este iter. Esperamos ver sus frutos.
Suscríbete para seguir leyendo
- Fallece un hombre de 68 años tras caer por unas escaleras en un edificio de Gijón
- Pelayo, el socorrista más veterano de Gijón, con 92 años, se acuerda de San Lorenzo 'cuando el mar entraba más y había corrientes más fuertes
- Generaciones de jesuitas de Gijón montan su verbena de verano: 'Lo bonito es reencontrarse y compartir el mismo sentimiento de pertenencia al colegio
- Ha sido atroz; como tener un coche con la música a tope debajo de tu ventana': quejas en todo Gijón por el ruido de los conciertos de Hermanos Castro
- Varias picaduras de carabela portuguesa obligan a ondear la bandera roja en la playa de San Lorenzo, en Gijón
- La nueva gran urbanización de chalés en Gijón, al norte del hospital de Cabueñes, ya está en obras
- Los patinetes eléctricos, bajo la lupa en Gijón con un nuevo dispositivo de control
- El 'Solitaire', el buque de mayor longitud que llega a Gijón, llevará a cabo una maniobra inédita en El Musel
