Opinión
Solo soy un cronista de barrio
No busco titulares, sino rostros
No llevo corbata ni micrófono, pero tengo ojos atentos y un cuaderno pequeño donde cabe el mundo. Escribo desde la esquina, entre bancos y plazas, buscando sentido en lo que otros llaman rutina. Me detengo donde otros pasan de largo. Y ahí, justo ahí, empieza mi crónica.
No busco titulares, sino rostros. Escucho más que hablo, observo más que juzgo. Me basta una conversación en la cola del pan o una vela encendida en la Basílica para escribir. Las noticias que cuento no salen en televisión, pero laten: son oraciones, gestos, silencios y nombres propios. Lo que importa de verdad.
A veces, creo que Dios me habla desde un banco del parque o desde el susurro del Cristo en la iglesia. Otras, me doy cuenta de que no hace falta subir muy alto para tocar el cielo: basta con mirar al que barre la plaza o al abuelo que da de comer a las palomas.
Solo soy un cronista de barrio. Y con eso me basta. Porque en este oficio de escribir lo invisible, uno aprende a ver mejor. Y a querer más. Tal vez nunca ocupe un sitio en el ABC, ni me inviten a un plató, pero seguiré aquí, apuntando lo que pasa cuando nadie mira. Y eso es sigue siendo lo mejor de cada crónica . n
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