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Brotes verdes

Empieza agosto con la quietud necesaria –o deseada– tras unos últimos días de julio cuando menos curiosos. Días que preceden a lo que hoy se vivirá en el Pleno de nuestra estimada villa. Al menos podemos anticipar que dos cuestiones, de deriva muy distintas, serán sujeto, verbo y predicado de los diversos turnos de intervención. Como todo en esta vida, podremos extraer múltiples lecturas. Lecturas que dependerán de la voluntad de quienes las realicen.

En un lado del rincón, Pelayo Barcia, concejal de Tráfico, Movilidad y Transporte Público. Hace escasos dos días admitía como idea interesante -–y digna de ser estudiada por su valor constructivo– la propuesta presentada por IU y Podemos en relación con el modelo de prestación de servicios en torno a la ORA, el servicio de grúa… Una puerta abierta a la municipalización de unos servicios en los cuales el Consistorio está presente, pero con una participación que poco o nada le permite cambiar y mejorar. Unas declaraciones que nos resitúan en un escenario deseado en cualquier administración: la colaboración, la búsqueda de consensos… para avanzar en la mejora de la ciudad y de sus habitantes. Un ejemplo, para algunos, de lo que podría resignificar el valor de la política pública municipal si unos y otros empezaran a adoptar este modus operandi.

En el otro lado, Jorge Pañeda, concejal de Deportes y Educación. La semana se iniciaba con un tsunami de reproches, indignación y mensajes a través de comunicados, medios de comunicación y redes sociales. Nuestra ciudad, versada en el amor al deporte, renunciaba a organizar la Copa de la Reina de hockey sobre patines. Una competición en la que tiene claras opciones de participar el club más laureado de Asturias: el Telecable Hockey Club.

En un abrir y cerrar de ojos, esa decisión fue mutando hasta conectar con lo que a priori parece la voluntad popular de una ciudad (en mi caso, con gran rotundidad). Gijón será sede de la Copa de la Reina 2026. Estamos ante la máxima, poco practicada, de "rectificar es de sabios". O quizás sea un: "Mamita mía, la he liado parda". Nunca lo descubriremos, será la opinología y la libre interpretación de quienes practican el esgrima político lo que dicten sentencia.

Lo que no podemos obviar ni esconder es un hecho. En ambos casos estamos ante un punto final (y esperemos seguido) deseable. La cuestión pública requiere de cintura, de capacidad de escucha, de ganas de mejorar. Requiere de rectificación, de apertura de brazos, de colaboración. Cuando el foco está en el reproche y en el "yo y mis ideas que son las mejores del mundo" vamos mal. Ojalá pasemos de la excepción a la norma.

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