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Viva la gente

Gijón llega a la cumbre de sus celebraciones estivales este agosto de 2025, verano algo más cálido que la media de los últimos 30 años, series consideradas para caracterizar el tiempo siempre en evolución, siendo el clima la dinámica atmosférica, eso de cambio climático es como decir agua mojada. Lo cual es positivo para el turismo nacional, que no quiere agobiarse con los calores del interior –pues el mar siempre modera las temperaturas– y los 40 grados de máximas habituales en Sevilla o Badajoz, y también el del norte de Europa; mejor para todos, si en julio y agosto tenemos 20 grados de media en vez de 19. Se muere mucho más de frío, gripe y pulmonías que por 25 de calor, y eso de la alarma en Asturias por debajo de 30 es una sandez histórica.

Hay muchas fiestas aprovechando el buen tiempo, ello es bueno para la diversión y la economía, pues conlleva opciones y empleos, esa libertad y prosperidad que odian los sectarios y amargados. Hablan en contra de construir viviendas que llaman especulación (¿mejor volvemos a las cavernas paleolíticas?), en contra de los coches que contraponen a las personas (¿los conducen extraterrestres?), y en contra del turismo inventándose un concepto absurdo de gentrificación, en la España de ínfima natalidad, con 9 millones de ancianos y solo 4 millones de niños. No sobran personas ni turistas que gasten aquí sus euros, faltan arena en la playa de san Lorenzo y jóvenes con empleo fijo, carro del que tiran sobre todo Madrid y Andalucía.

Y llegamos a los aparcamientos en Gijón, escasean en esta época mientras tenemos el enorme "Solarón" muerto de risa, y el enorme espacio entre él y el Natahoyo hecho maleza para unas decenas de indigentes. Multan a quienes dejan el coche o furgoneta en el verde –marrón en realidad– Hermanos Castro junto a la Feria de Muestras. No se les ocurre habilitar unos cientos de aparcamientos enfrente del museo del Ferrocarril, para la playa de Poniente, comisaría y edificio administrativo, para gozo de quienes consideran sádicos a los conductores de furgonetas de reparto, turistas y demás; y desesperación de los conductores que pagan impuestos. ¿Por qué no situar casetas de eventos en el solarón, para disfrute de la gente?

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