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San Lorenzo

La fiesta litúrgica de San Lorenzo tiene en Gijón una especial significación, no solo por las aguas de su hermosa playa objeto anual de protestas laicistas, que llegan a considerar a un sacerdote católico, mitad monje, mitad soldado (DEP), que vivió para los vulnerables con gran celo sacerdotal, como ejemplo de laicismo efectivo. Todo un oxímoron ideológico.

Este año, la parroquia gijonesa de la que es titular San Lorenzo, sobriamente renovada, con gusto y efectividad, celebra los 1800 años con especial intensidad con diversos actos: próxima peregrinación a la basílica de Huesca, su ciudad natal, del 10 al 12 de octubre. Además, con motivo de la festividad del santo diácono mártir, la parroquia ha celebrado hace unos días una misa solemne seguido de una comida de convivencia con el canto solemne del Coro San Lorenzo.

San Lorenzo vivía para los pobres y vulnerables. Durante el imperio romano, en el año 237, el emperador Valeriano emprendió una feroz persecución. Empezó persiguiendo al Papa Sixto, a quien detuvieron celebrando la Santa Misa en templo subterráneo de la catacumba y allí mismo fue martirizado. Detuvieron además a sus cuatro diáconos, entre ellos San Lorenzo, era el custodio de los bienes de la Iglesia. Con amenazas les dieron cuatro días para que entregara las supuestas joyas y tesoros de la Iglesia. Lorenzo se presentó ante el tribuno rodeado de cojos, ciegos, niños, mujeres y pobres. Y le dijo: "Estos son mis tesoros". Esta osadía desató la ira del bárbaro juez y condenó a San Lorenzo a morir abrasado en una parrilla.

La devoción por el santo mártir se extendió por todo Occidente y son numerosos los templos dedicados en su honor. El más famoso de todos es una de las clásicas maravillas del mundo el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, mandado edificar por el Felipe II, el rey en cuyo imperio nunca se ponía el sol, monarca objeto del odio más sectario y mentiroso de la leyenda negra, que aún la airean en España y Latinoamérica, La noche que sigue a la festividad de San Lorenzo se puede contemplar uno de los fenómenos atmosféricos más curioso y fascinante, las conocidas como lágrimas de San Lorenzo. Que algunos relacionan perseidas para reducirlo todo a un mito pagano, pero ya desde Galileo, profundamente creyente y científico, se habla de la creación y de las estrellas como una obra que, junto con la Santa Biblia, son dos libros en los que se contempla al Creador. Como dice San Agustín, el teólogo preferido por el papa León XIV, la Biblia nos enseña "no cómo van los cielos, sino cómo se va al cielo".

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