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Un sonido de silencio

El 13 de agosto de 2009 este diario recogía la buena nueva: «El reloj de la plaza del Carmen recupera sus melodías». Albricias de entonces.

De lo que fue barrio del Carmen, la calle Corrida tiene un efecto túnel, en particular este verano de 2025 en el que fluyen miles de visitantes, cada vez más. Llamamos efecto «túnel» al reagrupamiento social y cauce horizontal donde el roce y tránsito nos unifica disfrutando del lugar más preciado de Gijón para pasear. Pocos callejeros llaman a su calle principal con la etimología evidente: calle Corrida, en origen fue calle Ancha de la Cruz, al ser tan concurrida quedó en eso.

En la horizontalidad humana, curso o tránsito, la mirada se baja al ángulo de visión del prójimo, nos vemos sin mirar ni saludar, pero hubo un tiempo en Corrida que los canotiers o «sombreros de la gente» invitaban al saludo a mano alzada:

–¡Buenos días don Armando, buenos días don José!

La calle Corrida tiene el semáforo con más densidad de itinerantes. El cruce con Munuza es lugar episódico donde los haya, sin embargo, un solo muñeco lumínico es a quien prestamos más atención con lo monumental que nos rodea mientras esperamos. A los transeúntes bien se nos puede devolver el sonido de silencio a la hora de partir en esa «estación» de la calle más transitada, de paso mirar al cielo.

La música de «Santa María» sonaba a los cuartos en Oviedo, que los acordes compiten con la banda sonora del trajín diario. Las campanas, decía Alfonso Camín, tienen alma.

En el lapsus del rojo al verde peatón, el otrora reloj deleitaba con «Asturias patria querida». Las figuras estáticas de Joaquín Rubio deberían destacar en horas vespertinas con luz para admirarlas y de paso las horas del sonido en el silencio.

Este periódico anunció en 2009 la complejidad de echar andar esas agujas horarias, diez años de barbecho aguardando a replicar en El Carmen, hoy acalladas. Si es problemático que cante el reloj del edificio diseñado por Díaz Negrete y Manuel del Busto,1963, al menos poner un foco que ilumine la hora para mirar hacia arriba.

En sonido del silencio recuperar el sentido de ubicación vertical y temporal, conscientes de la bonita ciudad que nos une sin distinción de riberas en ese paso de peatones de la calle Munuza, el vaivén, pura historia de Gijón.

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