Opinión
Hacia la ciudad inhabitable
La "turistificación" ya comienza a ser un problema en Gijón, y para unos pocos, un grandísimo negocio
Urbanísticamente Gijón fue, durante gran parte del último siglo y medio, una ciudad difícil para vivir. Atendiendo a parámetros actuales incluso calificaríamos muchas zonas de aquel Gijón pasado como inhabitables.

Hacia la ciudad inhabitable
Entre los siglos XIX y XX la configuración de Gijón como núcleo fabril trajo aparejado el surgimiento de una periferia inhóspita, el hacinamiento en ciudadelas en el casco urbano o la degradación del barrio histórico de Cimavilla. Ese fue el hábitat en el que residió gran parte de la población de la villa y puerto durante decenios. Sólo lo que hoy identificamos como el centro histórico de Gijón disponía de las condiciones propias de una población moderna incluyendo parques, jardines y paseos, lugares de esparcimiento esenciales para el desarrollo de una vida urbana plena.
En aquel urbanismo gestionado por la plutocracia local, el espacio público era una excepción y siempre estuvo limitado a mínimos. Calles tortuosas, jardines escasos, plazuelas raquíticas… Si Jovellanos en 1782 había escrito que el urbanismo debía de contribuir a la "pública felicidad", se hubiese quedado perplejo de lo que insignes y presuntos jovellanistas hicieron con Gijón posteriormente. Un proceso culminado con el desmadre del desarrollismo de la dictadura franquista. En esas décadas de 1960 y 1970 la ciudad se hizo más inhabitable aún al implementar la sumisión del espacio público al automóvil. En 1975 el núcleo urbano -salvo las mejoras realizadas durante la Segunda República- contaba prácticamente con los mismos espacios públicos que un siglo antes con el agravante de que gran parte de ellos -como la Plaza Mayor, la del Marqués o el Campo Valdés- se dedicaban a aparcamiento y que la sobreedificación había duplicado o triplicado el número de residentes.
En el último tercio del siglo XX, tras la conquista de la democracia, dio inicio un periodo en el que aquella sucesión de dinámicas especulativas y depredadoras del espacio urbano para el enriquecimiento de unos pocos pudieron atenuarse. Con la alcaldía de José Manuel Palacio se activó un proceso de replanteamiento urbanístico acometido por un equipo multidisciplinar liderado por José Ramón Fernández Rañada. El resultado fue el Plan General de Ordenación aprobado en 1986 y todo un proceso de regeneración urbana que llevó casi dos décadas culminar.
En ese proceso fue capital la mejora y ampliación del espacio público. Paseos y plazas dejaron de ser aparcamientos, se crearon nuevos parques y jardines, nuevos viales y, como una novedad que inicialmente resultó escandalosa en algunos sectores, se inició la peatonalización progresiva de calles. Desde esa década de 1980 hasta el presente no ha habido ningún mandato municipal en el que no se haya realizado una obra de peatonalización. El resultado de aquel periodo –complejo, costoso y global– de llevar la equidad urbanística a toda la ciudad fue una mejora radical de la calidad de vida en Gijón.
Durante el último quindenio lleva produciéndose un progresivo asalto a ese espacio público que tanto esfuerzo costó lograr. "Fartódromos", "feriódromos" y "musicódromos" varios empezaron a implantarse primero como una excepción luego con creciente continuidad, en el Parque Inglés. Hoy dos tercios del parque han desaparecido permanentemente bajo una pista de asfalto que también se aprovecha como aparcamiento, contraviniendo lo dispuesto en el Plan General de Ordenación. Hace una década se intentó extender esa dinámica al parque de Isabel la Católica pero su protección patrimonial lo salvó del desastre.

Gijonlandya / emeceastro
Pero la implantación de este uso mercantil y privatizador del espacio público se ha ido encaminando a los lugares más estratégicos de Gijón. Durante estos últimos diez años ha podido verse una extensión continuada de terrazas y eventos hosteleros en grandes áreas del centro urbano. En ese proceso las terrazas han ido convirtiéndose en recintos con estructuras permanentes, auténticas construcciones en algunos casos. El resultado evidente es que muchas zonas peatonalizadas perdieron gran parte del espacio ganado, siendo el realmente disponible igual o menor que cuando en ellas existía circulación y aparcamiento de vehículos.
El caso del "paseo Gastro"
El sumum ha llegado este verano con el doble "paseo Gastro" montado en zonas ya saturadas de terrazas y negocios hosteleros. Música amplificada durante 10 o 12 horas, cocinas callejeras llenando de humos su entorno, espacios señeros ocupados por aseos, cubos de basura y hasta –lo más inexplicable– expositores de coches a modo de concesionario callejero.
El PP y Foro, la coalición que gobierna la ciudad, llegaron al poder tras haber defendido programas electorales que indicaban como objetivos la descentralización de eventos, la desestacionalización turística y una oferta hostelera de calidad ¿Qué ha sido de todo ello apenas dos años después? Contaminación acústica, ocio vinculado estrictamente al consumo masivo, saturación y privatización de espacios públicos son, en el presente, la realidad.
Entrar o salir del portal, desplazarse con una silla de ruedas, un bastón o un carrito de bebé o, más importante, dormir tranquilamente ocho horas ha sido durante varias semanas un reto para vecinos y vecinas. Da igual si madrugan para trabajar, están enfermos, son recién nacidos o, simplemente, quieren tener las ventanas de sus casas abiertas.
Tradicionalmente el concepto de lugar inhabitable estuvo asociado al vacío, a lugares desolados en los que nadie está salvo que no le quede otro remedio. Hoy en día lo inhabitable está asociado a un nuevo concepto: la saturación, el exceso de personas, el colapso de calles o barrios por la turistificación descontrolada. Nadie hace un siglo hubiese calificado de inhabitables las zonas más representativas de Barcelona, Málaga, o Lisboa pero, para barceloneses, malagueños o lisboetas lo son hoy. Una movilidad imposible, ruido permanente, aumento del coste de la vida provocan un progresivo éxodo que, de seguido o a la par, va acompañado de otro negocio: el de la transformación de las viviendas de uso residencial en alojamientos turísticos.
Todo esto es ya una realidad en muchos sitios, todo ello está comenzando a ser un problema en Gijón y, para unos pocos, está siendo un gran negocio. Para nuestros gobernantes fomentar lo que en otros sitios se rechaza es un "éxito". Días atrás los responsables municipales relataban con evidente satisfacción las cifras de ese "éxito". Esas cifras representan para quienes hoy dirigen la ciudad el valor que tienen diez días sin descanso para todo un barrio, como Cimavilla o Begoña este verano. Para ellos nuestra calidad de vida es secundaria si hacen caja. Y el aviso ya está lanzado: esto seguirá y se extenderá el próximo año aunque, eso sí, no parece osado asegurar que nunca ocurrirá a las puertas de los domicilios de la alcaldesa o de la vicealcaldesa.
Cada vez resulta más evidente que desde determinadas áreas de la administración local en vez de priorizar el interés publico se atiende a expectativas empresariales. Un trasvase de modelo de ciudad a modelo de negocio. Un modelo en el que vecinos y vecinas o bien aplaudimos a dos manos o somos, simplemente, un estorbo. Y sobramos. Todo inicio tiene una parte de prueba, de experimento, de excepción. El paso de excepcional a habitual y de habitual a permanente es imperceptible y puede ser muy rápido y, cuando se afianza, suele ser de difícil retorno.
Ahí está Cimavilla, sentenciada. Ninguna mejora, ningún plan de futuro salvo que lluevan unos fondos europeos y no quede más remedio que hacer alguna obra. Un barrio que demanda un simple dispensario médico, que tiene el edificio de Sanidad Exterior fácilmente adaptable para ello, pero para el que se determina su demolición de acuerdo con los intereses de un hotel.
Y están ya apuntados los nuevos objetivos: el soterramiento del tráfico en la avenida de Rufo García Rendueles incluye como "original" complemento cubrir gran parte del espacio ganado al coche con construcciones para terrazas permanentes. Este verano los concesionarios del puerto deportivo apuntaban al relleno de parte del antepuerto y a la construcción sobre el paseo de estructuras para gimnasios, restaurantes y tiendas. Para el verano próximo ya se señala El Natahoyo y el nuevo espacio público de Naval Azul.
Mauro Castro / emeceastro es autor del audiovisual "Xi-Xóng-XXXIV", expuesto durante este mes de septiembre en la sala Laboratorio de Arte Íntimo (calle Rosario 21, Cimavilla) y que también está accesible en YouTube. En él podemos ver un Gijón donde triunfan los logos de franquicias, lo festivo y el colorinchi. Unas imágenes en la que todo nos suena pero nada es lo que conocemos. Un Gijón que ya no es Gijón, por lo menos no el nuestro. Un Gijón convertido en Gijonylandia. Esa Gijonylandia aún es hoy una distopía pero lleva camino de ser una realidad si quien nos gobierna no atiende a que, en nuestra ciudad, las personas tenemos que estar primero que la especulación y el negocio.
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