Opinión | Palabras con silencios
Hoy es Pascua, aleluya, cántalo
La celebración de la gran noticia del paso de la muerte a la resurrección
Pascua significa el paso de la muerte a la vida. Aunque para algunos les resulte increíble, es el sueño de la humanidad. Eso prometen hasta los ultraprogresistas del posthumanismo, movimiento filosófico-cultural que aboga por la tecnología avanzada (ingeniería genética, nanotecnología y Inteligencia Artificial) para mejorar las capacidades físicas, cognitivas y emocionales humanas y así mejorar y hasta superar sustancialmente los límites del envejecimiento y la enfermedad. Conocido es para nosotros es el libro "Homo sapiens" del escritor e historiador israelí Yuval N. Harari, traducido a más de 60 idiomas y múltiples veces editado, donde nos dice que se ha superado la era del homo sapiens y que ha sido suplantado por el "homo deus", un ser mejorado tecnológicamente que busca la divinidad a través de esa Inteligencia Artificial y la bioingeniería. Ni que decir tiene, que esto ha generado enconados debates éticos sobre la identidad, dignidad y desigualdad social. Que el intento es serio, se manifiesta en la preocupación que le han prestado tanto el Papa Francisco, como el Papa León XIV del que se dice que prepara nada menos que su primera Encíclica sobre esta cuestión.
Para nosotros, según nuestra fe, la Pascua es "paso" de la muerte a la resurrección. Esta es la gran noticia que justifica el que Dios se haya hecho verdadero hombre para anunciarnos que la muerte no es el final de la vida, en definitiva un fracaso con toda maravilla que la queramos describir. Nuestro destino es una nueva forma de vivir, "una nueva dimensión de la vida", como la calificó el gran teólogo ovetense Juan Luis Ruiz de la Peña. Jesús es "el que ha muerto y ha resucitado" y con él estamos llamados todos a participar de su resurrección. Tan convincente ha sido esta realidad para sus discípulos que San Pablo apuesta que "si Jesucristo no resucitó, vana e inútil es nuestra fe". Resucitar es ser nosotros mismos de otra manera, con otro cuerpo, este glorioso y resucitado. Me parece más fácil de aceptar que ese cuerpo "nanotecnológico" que nos prometen los posthumanos. Lo más importante de la persona es su dimensión espiritual. Es la que nos identifica. Esa puede y tiene que adoptar un nuevo cuerpo que nos capacite para vivir en esa nueva dimensión. Esta convicción, acreditada por la vida de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, vigente hoy después de dos mil años en tantos creyentes, pulsionada en nuestro interior, ¡queremos vivir! y generadora de la mayor esperanza que ha llevado a la humanidad a luchar por la vida y defender la dignidad humana, es la celebramos hoy, día de Pascua de Resurrección. Por eso, nuestro canto es: "Ha resucitado el Señor, Aleluya". Si lo cantas con el Aleluya de Haendel, te acercas a la gloria.
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