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Opinión | Comentarios al paso

Élites sempiternas

Si recuerdan las imágenes de la toma de posesión del presidente de USA, lo verán rodeado, indisimulada, ostentosa, groseramente, de los más significativos representantes de la, llamémosla, tecnoélite. Si, al tiempo, reparan en la chapa recurrente de la derecha extrema foránea y local, observarán que culpan a necesitados, marginados e indigentes del aumento del gasto social y consideran contraproducente que el Estado se ocupe de los pobres porque, repiten como papagayos, se limita la inversión privada y el crecimiento económico. Que si inútiles, que si paguitas, que si pesebristas, que si mamandurrias… y otros ultrajes que reproducen aquel desprecio medieval a la gente de bajo linaje. Entre ambas alusiones no existe paradoja alguna. Los voceros vasalláticos de ultraderecha se acomodan al oficio de mamporreros del conchabamiento entre trumpismo y elitismo. Facilitan el discurso lubricante para que la secular alianza entre las élites sociales y los grandes negocios prosperen a la sombra, a los pechos del Estado. Nunca, ni antes ni ahora, fue cierto que los plebeyos actuaran como depredadores del erario público; siendo más cierto que los estamentos nobiliarios, eclesiásticos, militares y los plutócratas y oligarcas han sometido, han parasitado al Estado desde siempre; han tratado de legitimar su poder mediante la violencia física, material y moral, la impunidad, las patrañas, los falsos victimismos, los bulos…

Si sienten curiosidad por averiguar quiénes han sido realmente los que han depredado el dinero público en España desde la Edad Media hasta nuestros días, consulten el ensayo demoledor del historiador de la Economía Carlos Arenas, cuyo título ya cité en otro comentario: “El Estado pesebre. Una historia de las élites españolas. De cómo las oligarquías han parasitado las rentas públicas” (Edit. El paseo, 2025). Anoto solo parte de una relación inacabable de los protagonistas que se señalan con pelos y señales: señores, jurisdicciones y acostados, freires aguerridos (yo también consulté un diccionario), obispos belicosos inventores de reliquias sagradas, inquisidores, virreyes, capitanes del tercio, usureros, prestamistas, asentistas, aristócratas y burgueses venales, reyes felones, plutócratas de camarillas palaciegas y de todo pelaje, espadones, negreros, agricultores e industriales protegidos por aranceles, lobistas sectoriales y regionales, banqueros, nacionalistas variados, jesuitas, los del Opus, comisionistas… Y añado solo algunos de los inabarcables mecanismos descritos que los ocupantes del Estado han venido usando a lo largo de nuestra historia: gabelas jurisdiccionales, fueros, diezmos, bulas, nepotismos, desamortizaciones, aranceles, monopolios y oligopolios, subvenciones, exenciones y amnistías fiscales, inmatriculaciones, reconversiones, rescates bancarios, cupos, conciertos, recalificaciones de suelos, megaproyectos urbanísticos, especulaciones, usurpaciones de bienes comunales, expropiaciones, fraudes fiscales, estraperlos, extorsiones… y toda una amplísima gama de trampantojos. Nada nuevo bajo el sol: el sempiterno modelo de coacción de los fuertes sobre los débiles.  

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