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Opinión | Tormenta de ideas

Felicidades, Barbón

Por fin una buena noticia. Pensar que alguien se atreve a poner los puntos sobre las íes al superpoderoso Óscar Puente, que, como todos sabemos, es el mejor en su campo y miente con el mismo descaro que su presi, me llena de "orgullo y satisfacción".

La lucha que establecen ahora tres comunidades de diferente signo político, al menos una de ellas la nuestra, me ilusiona y me hace creer en la bondad de algunos políticos que no viven para rendir pleitesía a sus amos cuando estos son injustos.

Y es que esto quiere decir que nuestro presidente no es precisamente alguien que, por no molestar, deje de ejercer las funciones para las que ha sido elegido y que tienen que ver con el bienestar de los asturianos. Y por ello se atreven, junto con nuestros vecinos, a elevar la protesta al Tribunal Supremo al no recibir ni respuesta ni información acerca de este contencioso.

Que sigamos pagando el peaje de la autopista del Huerna, como lo hacen también nuestros vecinos gallegos con la suya y los castellano-leoneses por la parte que les toca, es una auténtica vergüenza.

Pongamos, para hacer números, lo que nos supone a los asturianos ir a Madrid. El tren, malo, porque teniendo en cuenta lo que este mismo señor ministro ha hecho estos años por la seguridad ferroviaria, una va más bien temblando, por si alguna de las vías no revisadas se encontrara en el trayecto. Más bien no apetece, porque además sabemos también que, si tienes algo importante que hacer en la capital, tienes que contar con los más que probables retrasos en esta red ferroviaria que, para el ministro, es la mejor del mundo.

Y es que, mientras yo estoy aquí, atrapada en este sofá, pienso que tampoco es tan fácil escaparse ahí fuera. Ir a Madrid desde Gijón ya no es solo cuestión de tiempo: entre la gasolina y el peaje del Huerna, el viaje se te va a 130 o 140 euros sin despeinarte, y sin el peaje ahorraríamos unos 30 euros que, tal y como están las cosas, no están para gastarlos por el capricho de un ministro.

Así pues, elevar la queja de tres autonomías y darle en las mismísimas narices al superministro de Transportes me parece una idea genial y especialmente valiente por parte de nuestro presidente, al que, desde este lecho de dolor, felicito especialmente.

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