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Opinión | Caloninos en la Cantábrica

Responsabilidades

Un paseo por escenas cotidianas

Entraba en vigor esta semana la prohibición del acceso a los autobuses municipales con patinetes y monociclos eléctricos, un medio de transporte al alza en la ciudad en los últimos tiempos que hasta fue motivo de debate en el pasado pleno –tedioso como todos– a instancias de Vox, cada vez más comprometidos, por otra parte, en hacer creer a los gijoneses que viven en un rodaje de Torrente y no en una de las ciudades más seguras de España como tozudamente revelan cada año las estadísticas. El problema de los patinetes está, como en tantas otras cosas, en la educación y civismo de quien los utiliza para desplazarse por una de las ciudades más fáciles y cómodas de caminar de toda España. Pero con las modas ya se sabe y son muchos los que generan situaciones de peligro en las calles al ir haciendo slalom entre los peatones como si fuesen protagonistas de "Fast & Furious". Hasta en las zonas peatonales más concurridas, como la calle Corrida, o cualquier plaza de la ciudad, es habitual ver a gente en patinete o bicicleta –medio tan sostenible como molesto para conductores y peatones–, haciendo caso omiso a la norma que les obliga a ir por la calzada. Como anécdota, un día me topé con dos chicas jóvenes grabándose un vídeo en patinete por los pasillos de un supermercado de la calle Donato Argüelles. Cualquier día nos lamentaremos.

Esta escena tan habitual en las calles de la ciudad contrasta en cambio con la ausencia de intervenciones de la Policía Local para reprender y sancionar esas conductas. Ocurre lo mismo, por citar otro ejemplo, con los perros sueltos en zonas no permitidas. No hay día que, camino de la Cantábrica, no haya perros sueltos en el pedreru de San Pedro, cuando el espacio acotado en la playa de San Lorenzo está exclusivamente entre la Rampla y la escalera 8. Entendiendo que es más gratificante jugar a Starsky y Hutch, y que resulta incómodo supervisar si se recogen o no los excrementos caninos, pero debería la policía municipal estar más pendiente de las normas que emanan de la Casa Consistorial y cumplir con sus competencias, pues el paupérrimo número de sanciones que se ponen al cabo del año en materia animal revela que se mira para otro lado de manera incomprensible.

También resulta difícil de entender que hasta la apertura de un nuevo aparcamiento en la ciudad, como el de la avenida de Portugal, genere fricciones entre el Ayuntamiento y el Gobierno del Principado. Bueno, cierto es que se van a acercando las elecciones y hace tiempo que en Suárez de la Riva comenzaron el rodaje de la secuela de la obra con la que Almodóvar, junto a Carmen Maura y Julieta Serrano, ganó el Goya en 1988. Pero como decía el maestro Julio Puente, si pregunto ¿molesto? Pues ni pío.

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