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Pitos y palmas

Como auténticamente lamentable tiene que calificarse la pitada de un sector del público al himno nacional, en la reciente final de la Copa del Rey celebrada en el estadio sevillano de La Cartuja. Hecho que viene reiterándose cada vez que participa en el enfrentamiento deportivo alguno de los equipos provenientes de las regiones en las que el nacionalismo separatista tiene implantación.

La falta de respeto a uno de los símbolos máximos del estado no debería quedar impune, sin que este comportamiento pueda justificarse, en ningún caso, bajo una supuesta libertad de expresión. La suspensión inmediata del partido, o la imposición de sanciones administrativas a los equipos cuyas aficiones reiteran este tipo de comportamientos, deberían ser la reacción mínima y efectiva para cortar de una vez por todas estas veleidades que no tienen un pase. Por no hablar de la incoherencia que supone prestarse a jugar un campeonato que lleva el nombre del jefe del Estado, para luego vejar uno de los máximos símbolos de ese mismo estado.

Pero claro la alternativa de limitarse a competir con los Clubs Deportivos de Pasajes o Elgoibar no parecen entusiasmar a los seguidores de un club que, para colmo de los colmos, se llama la Real, evidenciando los vínculos y orígenes monárquicos del equipo de una ciudad que fue, durante décadas, corte estival de esa misma corona. Y es que por mucho que se intente retocar o maquillar, la historia es la que es.

Y de los pitos a las palmas. Se ha abierto ya el melón en nuestra villa para otorgar los máximos honores y distinciones locales, con motivo de la próxima festividad de San Pedro. Parece que saldrá adelante, sin mayor dificultad, la propuesta de la alcaldía para otorgar el máximo honor, la medalla de oro de la villa, a la Congregación de Misioneros del Corazón de María, los claretianos, cuya obra principal y fuertemente arraigada en Gijón es su colegio popularmente conocido como el Codema. Distinción más que merecida y que da continuidad a las ya otorgadas a otras congregaciones, como la Compañía de Jesús que, con algo más de antigüedad, todo hay que decirlo, y generando una amigable piquilla, fue siempre la alternativa más notable en el ámbito educativo católico.

Suponemos que, en las próximas semanas, los diferentes grupos políticos municipales moverán ficha con vistas a materializar sus respectivas propuestas para completar el elenco de distinguidos en el presente año. Uno les aconsejaría volver la vista hacia el rico y dinámico ámbito cultural local, donde todavía algunas meritorias asociaciones y entidades locales permanecen a la espera de recibir un merecido reconocimiento municipal.

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