Opinión | Palabras con silencios
Covadonga lanza un SOS
Aparcar en el Santuario de Covadonga se ha vuelto imposible la mayor parte de año. Encontrar una solución satisfactoria es el empeño frustrado desde hace casi cuarenta años, desde la venida del papa S. Juan Pablo II, el 21 de agosto de 1989, un día espléndido que sirvió para que la belleza del lugar, fuese más admirada y atrajera multitud de peregrinos y turistas, hasta la cifra hoy cercana a dos millones al año. Estuve destinado en el entonces Seminario Menor, hoy Museo, el curso 1977-78. Desde la fiesta del Pilar a la Semana Santa apenas acudía nadie, aunque se mantenía el servicio del microbús de Mento. Era en los meses del verano, añadiendo los visitantes de Los Lagos, en los que el aparcamiento se complicaba. Tuve después la misión de Vicario General y afirmo que hubo en los años noventa un intento serio de abordar la solución, previendo la avalancha que podría sobrevenir y ¡que vino!, superando expectativas, por lo que se contrató, juntamente con el Principado, a la prestigiosa empresa Tecnia Ingenieros. Meses de estudio, observación, consultas, mediciones, cálculos… llevaron a la elaboración del estudio. La única solución plausible, respetando el Real Sitio, eficaz, estética, era construir un edificio para 500 plazas en el espacio trasero del Seminario, disimulado con la exuberante vegetación del paraje, con entrada e incluso salida por Muñigo, antiguo trazado de carretera por Obras Públicas. Tenía su costo, pero podía enjugarse con la cuota de estancia. Las vicisitudes políticas han hecho olvidar esa propuesta factible, aunque las leyes y normas del Parque, en la que a la fuerza entró también el Santuario, lo han puesto difícil, añadiendo el desinterés incompresible con que se ha venido tratado ese lugar emblemático, significativo: “un beso divino como Casa de María” y por ello sobre todo religioso (espero que no sea esta la mayor causa de desidia) como es Covadonga.
La solución que se ha puesto en marcha con la finca de Les Llanes es un mal parche, además de no contar con el Patronato de Covadonga que tiene allí misión y responsabilidad. Una mancha de 5.500 metros cuadrados. para solo 110 plazas de aparcamiento, afean el reducido pero bellísimo lugar y no son solución. Conviene tener en cuenta que buscan aparcar los peregrinos y visitantes y los muchos que desean subir a Los Lagos andando o en autobús que dejan horas allí en su vehículo. Lo más decepcionante y grave es que queda distante y con una pendiente dificultosa para la gente mayor. Merece un calificativo severo. La opinión de los que están allí permanentemente y sufren el problema, el Cabildo, debe tener más valor y consideración.
Que se puede levantar un edificio para más de 500 plazas está demostrado –la ingeniería ha avanzado mucho, más que la voluntad - y el arzobispo y el abad tienen un adelanto del proyecto elaborado por profesionales voluntarios, fácil de ejecutar. Es un dolor ver las colas de automóviles y autobuses subiendo por el sinuoso y estrecho tramo del Pozón a la explanada y dar inexorablemente la vuelta a la farola por no poder aparcar, ni siquiera en los aledaños. ¿No llegó la hora de movilizarse para urgir la solución a esta insólita situación?
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