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Vox, partido a partido

Un diputado de Vox, juez en excedencia conocido por sus insultos y proclamas machistas, asaltó la mesa del Congreso amenazando al presidente porque le habían insultado. Vox dice que es normal en política. Otro diputado de Murcia, propone emplear la violencia para combatir las leyes del aborto y la eutanasia. Abascal, ante periodistas en un acto público, se refiere a Sánchez como “El hijo de puta de Sánchez”, lo justifica diciendo que era una conversación privada, insisto, pronunció la frase en un acto público rodeado de medios. Está normalizado apalear un muñeco de Sánchez, vociferar “Pedro Sánchez hijo de puta”, llamarle en el Congreso corrupto sin pruebas o insultarle, o cantar el “Cara al sol” y hacer apología del franquismo. En Extremadura el PP se rindió a Vox firmando un acuerdo de gobierno cediéndole dos consejerías, una con rango de vicepresidencia, y el senador por designación autonómica. Una de las consejerías será la de Desregulación, Servicios Sociales y Familia y la otra, la de Agricultura. Dicen Desregulación porque llamarla “Consejería de cargarse las leyes de violencia de género, LGTBI, memoria democrática y normativas ambientales”, es largo y suena horrible. El PP cede a Vox los derechos esenciales y regala Agricultura a los latifundistas. Muchos puntos acordados son ilegales, pero se hablará de ellos y acabarán en el Constitucional enfangando la política y aparentando un caos que justifique una mano dura que lo solucione. No es nuevo, está en nuestros genes, es nuestra historia. En Aragón firman un acuerdo similar, también incorpora “prioridad nacional”, es fascista y anticonstitucional, pero vuelve a hablarse de ello y en cuatro días, esa “prioridad nacional” que nos repele se habrá normalizado.

No son casos aislados ni anécdotas, es el partido a partido del fútbol. Desde su aparición, Vox ha ido creciendo en la radicalidad de sus planteamientos sin más consecuencia que un par de días de titulares, consiguiendo que la opinión pública, o la publicada como dice un amigo, los asuma y normalice. Se normalizaron las retahílas de bulos y graves insultos de Abascal en el Parlamento, los disparates de Figaredo a sabiendas de que hay cuñados que los harán suyos, el acoso y señalamiento de periodistas y medios por contar la verdad, o hablar de menas y no de menores culpando a la inmigración de todos los males. También que Vox se financie ilegalmente y que dinero público vaya a una fundación opaca de la que Abascal se autonombró presidente vitalicio. Hace años, con un Vox incipiente, escribí del peligro del huevo de serpiente que se estaba incubando; el huevo eclosionó y se reprodujo. Decía por entonces que la Ley de partidos permitía ilegalizar a Vox; hoy Vox, que es Abascal y cuatro estómagos agradecidos, incumple la Ley de partidos, la Constitución y las leyes progresistas sin que nadie le ponga freno, aprovecha que el PP está dispuesto a pagar cualquier precio por una presidencia  autonómica. Cuando  sean ellos quienes nos frenen a nosotros, será tarde.

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