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Opinión | Caloninos en la Cantábrica

Hay esperanza

El encuentro en el Botánico de las tres alcaldesas

En tiempos de tanto ruido, como refleja en cada concierto el siempre reivindicativo Ismael Serrano - una vez más lo dejó patente el viernes sobre el escenario de la Universidad Laboral, revitalizada al fin- convendría que la política local huyese de las descalificaciones, los cálculos electorales y los reproches continuos. Gijón no necesita replicar la vorágine nacional e internacional que tan hartos tiene a los ciudadanos. Al contrario, debe escapar de los despropósitos y apostar por el entendimiento porque así salen mejor las cosas. El mejor ejemplo –o el más reciente, si lo prefieren– está en el Jardín Botánico Atlántico y esa imagen de la inauguración de la finca La Isla con las tres alcaldesas –las socialistas Paz Fernández Felgueroso y Ana González y la forista Carmen Moriyón– cortando la cinta con los colores de la bandera de la capital marítima del Principado.

Esa fotografía, aunque alguno se quedase sin ella, revelaba mucho más que lo que se espera de un acto institucional en olor de multitudes. Había respeto, reconocimiento y entendimiento –también se percibió cariño por momentos– entre quienes sufrieron muchos desvelos y trabajaron duro por hacer de Gijón una ciudad mejor bajo sus respectivos mandatos. Con sus aciertos y con sus errores –claro está y solo faltaba–, pero las tres alcaldesas tuvieron a Gijón entre sus prioridades, aunque las cosas no siempre saliesen bien.

Con Paz Fernández Felgueroso, infatigable y siempre dispuesta a arrimar el hombro, la ciudad mantuvo el empuje de la transformación llevada a cabo por Vicente Álvarez Areces y con Ana González –al menos Moriyón sí ha sabido darle el sitio que merece como alcaldesa elegida por los gijoneses– logró que la ciudad sortease la pandemia como un ejemplo para otros muchos municipios. Moriyón, por su parte, en esta nueva etapa, más clara, decidida y libre de ataduras que en sus dos primeros mandatos, está sentando las bases del Gijón de las próximas décadas. El desarrollo de la Pecuaria, de Naval Azul o Tabacalera, por citar solo unos ejemplos, gusten más o menos las formas o los objetivos fijados, demuestran a las claras que decir que la ciudad está paraliza es solo ruido ambiental de quienes no encuentran su norte.

La imagen de las tres alcaldesas es un soplo de esperanza. Y recordaba a otra más antigua. Era agosto de 2016 cuando Carmen Moriyón, que ostentaba el bastón de mando, invitaba a Paz Fernández Felgueroso y a Vicente Álvarez Areces a recoger el premio Campanil que la Asociación de Antiguos Alumnos del Instituto Jovellanos le entregaba al Parque Científico y Tecnológico. Era el reconocimiento a un proyecto transformador para Gijón que siempre ha contado con el apoyo a lo largo de los años de los líderes locales, pero también una fotografía que reflejaba el consenso. Ese mismo modelo de éxito se palpó esta semana en el Jardín Botánico, otra de las joyas de la corona que los políticos han sabido impulsar a lo largo de sus 23 años ya cumplidos. Esa forma de hacer, al margen de colores, ideologías y manías, debe imperar ahora en el futuro desarrollo de los antiguos astilleros, tanto desde el gobierno local como desde la oposición. Ya lo canta Ismael Serrano, que "si se callase el ruido // quizá podríamos hablar". A ver si en la Casa Consistorial lo escuchan.

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