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Maribel Lugilde

Maribel Lugilde

Directora del Centro Integrado de FP de Comunicación, Imagen y Sonido de Langreo

Porvenir soterrado

La alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, quiere para el Muro de San Lorenzo una solución magistral que haga convivir el disfrute peatonal del corazón físico y emocional de la ciudad con el flujo de tráfico que, salvo el paréntesis del “Cascayu”, siempre se ha desplegado en la zona. La propuesta es ordenar por capas ese fragor para que coexista en paralelo: el pedestre en superficie y el motorizado bajo tierra. Respuesta definitiva e integral en forma de obra cara y mastodóntica, de las que atraviesan legislaturas y comprometen muchos dineros.

De entrada, es una solución atractiva por su capacidad de afrontar el triple imperativo de las urbes: caminar, conducir y aparcar. Pero como casi todo en la vida individual y colectiva, tiene sus zonas de sombra. Se han ido mencionando en los últimos años, conforme Foro Asturias se reafirmaba en el proyecto. Y afloran de nuevo, tras la presentación oficial del estudio que avala su viabilidad económica y técnica. Esta última, crucial, porque otro informe de 2002 de la Universidad de Oviedo la ponía en duda, hecho inquietante para los vecinos de la zona.

El coste oscilaría entre los 120 y 137 millones de euros, según los niveles de aparcamiento subterráneo. El Ayuntamiento pondría la cuarta parte y plantea que el resto lo asuma la empresa que gestione el futuro parquin. Un modelo ya conocido. Es previsible que haya empresas interesadas, tal vez hasta se hayan producido contactos informales.

Por lo pronto, el Ayuntamiento ha invertido más de 100.000 euros en este estudio técnico. Un dinero con el que se podrían sufragar -en todo o en parte- otros proyectos más sencillos, de menor impacto e igualmente modelos actuales de respuesta en urbes modernas. Por ejemplo, la denominada “plataforma única”, un rediseño del espacio al centímetro, inteligente e imaginativo, para que el peatón conquiste terreno y el tráfico exista, pero acotado y controlado. No sólo el principal partido de la oposición -el PSOE- lo defiende, curiosamente también el PP, socio de gobierno, que quizás no ve tan claras las cuentas optimistas de Foro.

Además del vértigo de una inversión millonaria con equilibrios multilaterales de esos que nos pueden dejar escaldados, está el de asumir que nuestro paseo más emblemático prácticamente desaparezca durante “tres o cuatro años” bajo una obra monumental. Confieso que esto personalmente me perturba, aunque sea consciente de que a veces hay que pagar peajes para modernizar la ciudad. Pero la suma de todo me lleva a preguntarme si realmente ésta es la mejor solución. Si es lo que necesitamos.

Cuando toca abordar aspectos de semejante calado colectivo es cuando quienes rigen nuestro devenir han de mostrar auténtica mirada de ciudad. Más allá de cálculos políticos. Una mirada abierta, alejada de empecinamientos, razonable y razonada. En el caso del Muro, es imperativo.

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