Opinión | Tormenta de ideas
Madre
Madre. Yo. Lo único que quise ser desde que nací. Mis tres hijos, mis tres nietos. Mi todo. Mi esperanza, mi dolor. Nadie te avisa del amor que vas a sentir por cada uno de ellos, que supera todo lo que te imaginas. Nadie te prepara para ser la mujer más feliz del mundo como reflejo de su felicidad, cuando lo son… Pero tampoco te puedes imaginar el dolor que te atraviesa con cada pena, con cada problema, con cada lágrima de cada uno de ellos. Yo era, y quiero seguir siéndolo, la mujer más luchadora y más optimista de la tierra, pero la vida te va dando tantos motivos para rendirte que a veces dejo las armas, abandono la lucha y me vuelvo prisionera de una vida dura, injusta, que me paraliza.
Soy madre y abuela. Abuela casi madre, y la vida no me va a dar tiempo para proteger a esas dos niñas tan pequeñas, para intentar contener su llanto, acompañarlas, que sientan que su sufrimiento es el mío y puedan refugiarse en mis brazos. Porque aún hoy, yo, casi anciana, necesito refugiarme en los de ella, que se ha ido hace 44 años. Aún le digo: ayúdame, mami, no sé qué hacer. Y sin darme cuenta vuelvo a ser Isabelina, con canas, achaques, cientos de arrugas con un cuerpo que ya no está para batallar pero que mi mente no acepta. Y es que aún creo que me necesitan, aunque otras veces me parece que no, que ya no, y eso, para una madre como yo es una deserción que yo no acepto.
Nunca he sido una madre posesiva, ellos han volado sin que yo les cortara las alas, jamás. No he querido influir, ni opinar demasiado para no coartarles su libertad, pero no puedo evitar sentirme, lo juro, dentro de cada uno de ellos, incluidos mis nietos, y juro que siento lo mismo que ellos sienten, sé cuándo van a estar mal aunque estén a kilómetros de distancia, siento su pena a través del teléfono, de una sola palabra, de un WhatsApp y mi tendencia, eso sí, es abrazarlos, que entiendan, que sientan que mi regazo es su refugio, pero quizás esto sea un sueño porque ya no puede ser… Por eso pienso en la enorme carga física que suponían estos tres hijos tan inquietos que me volvían loca, y querría recuperar la sensación de que yo lo era todo para ellos, que cualquier problema dejaba de serlo cuando mami estaba ahí, junto a ellos. Siempre. Lo estoy, lo estaré, pero ya no es lo mismo. No puedo luchar contra la vida, que es siempre la que manda. No quiero rendirme, ustedes lo saben, pero ya no puedo ser su hogar, su casa, su descanso. Ya no.
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