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Más allá de los titulares

Gijón lleva semanas de grandes titulares: Naval Azul, el soterramiento del Muro, la llegada de la Universidad Europea. Noticias importantes, de las que generan conversación, debate y posiciones encontradas. Es lógico, no se puede estar de acuerdo en todo. Pero quizá lo interesante no es tanto cada decisión por separado, sino lo que pasa cuando las miras juntas. Porque entonces dejan de ser proyectos sueltos y empiezan a dibujar algo más: un cambio de modelo de ciudad.

Gijón ya ha vivido transformaciones antes. Pasó de ser una ciudad industrial a reinventarse hacia los servicios y el turismo. Y ahora estamos otra vez en algo parecido, aunque en esta ocasión está ocurriendo de forma rápida y exigente.

Una ciudad cada vez más abierta al mar, más pensada para vivirse, más enfocada en atraer talento, conocimiento y actividad económica distinta.

Ese es el fondo de todo este cambio que no se queda solo en los grandes proyectos. Se nota —y se va a notar— en lo cotidiano… En el comercio, que ya no compite solo con la tienda de al lado, sino con el mundo entero. En el turismo, donde ya no basta con recibir visitantes, sino con ofrecerles algo que merezca la pena recordar.

Y especialmente en la cultura. Porque es en la cultura donde este cambio tendrá mayor impacto. Pasará a ser parte central de la identidad de la ciudad. Una cultura que no solo programe, sino que conecte. Que mezcle lo local con lo global. Que sea capaz de atraer, pero también de retener. Que genere actividad, pero también pertenencia. Ahí hay una oportunidad enorme. Y también un reto.

Durante mucho tiempo nos hemos movido en la idea de resistir, de mantenerse, de esperar a que las cosas cambien lo justo para poder seguir igual. Pero cada vez parece más claro que eso ya no funciona y ahora el movimiento es otro.

Y no se trata de estar de acuerdo con todo, se trata de entender hacia dónde se mueve la ciudad y decidir qué papel quiere jugar cada uno. Porque los cambios, al final, no son buenos ni malos por sí mismos. Son inevitables. Y como decía Charles Darwin:
“no sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta”.

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