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Odiadores

A lo largo de la vida vas creando enemigos personales sin que el esfuerzo sea necesariamente grande para ello. Puede que hayas hecho algo o no, hayas dicho algo o lo contrario, la enemistad depende muchas veces, más de la sensibilidad del otro que del mal hacer propio. Hay enemistades leves a los que simplemente no les caes bien, no estarán nunca para tomar un café; los encuentras más intensos en una actitud de resistencia a la relación y su parte activa es el gesto de repulsa, y en el extremo, por simplificar, estarían los del "odio eterno a los romanos" en ese nivel hay acción, no solo no te soportan sino que piensan, dicen y hacen todo lo que puede desacreditarte y hacerte daño.

Es normal que no recuerdes qué inició este proceso. Los hechos las palabras o las ausencias pueden venir de lejos y , al menos yo, solo recuerdo que son viejos enemigos, a los que conozco pero no comprendo, que se alimentan ellos solos aunque les ignore y por los que, en contadas ocasiones, siento una cierta ternura, creo que motivada porque " los conozco desde pequeños". Solo en los casos más extremos en los que una gran equivocación por mi parte motivó este enfrentamiento he intentado arreglarlo con explicaciones y disculpas, con la finalidad de que se acepten y con el riesgo de que se perciba como debilidad que afianza el papel elegido por la otra parte.

Ahora tenemos una nueva categoría que se sale del marco personal: los odiadores jugadores en el campo de las redes sociales y los comentarios en prensa digital que les da la facilidad para expresarte con la alegría de ver esas perlas de odio brillar ante la opinión general, jugando con el anonimato, no sé muy bien si por pura cobardía o por un intento, muy inútil, de sembrar incertidumbre en el objetivo de sus dardos. Los odiadores crean una nueva "profesión". Sea el objeto de su obsesión una persona, un colectivo, una obra o una ideología , hay una intensa labor de rastreo sobre todo lo que hacen, dicen, donde se encuentran e incluso la intuición de lo que piensan. Cuando esa persona o colectivo tiene un intensa vida pública o publicada, la labor se vuelve tan ingente que deberían pensarse en crear un equipo auxiliar de odiadores para poder descansar en algún momento.

Y como todo se observa y analiza bajo la lupa de esta nueva ocupación, la contestación siempre es en contra, la posición publicada va desde la crítica torticera al ataque personal zafio y emponzoñado, dominando el insulto, el desprecio y la difamación. Su campo de batalla es el mundo digital y en él llamarlos "haters" personalmente me suena suave. Prefiero mi idioma, claro, nítido y sin medias tintas: son odiadores, seres limitados que viven en el desprecio y para despreciar sin que su racionalidad consiga vencer un sentimiento tan limitante.

Solo queda decir aquello de: "ladran luego cabalgamos".

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