Opinión | Tormenta de ideas
Perpetuo
A ver, que todos, en algún momento, tenemos que renovar el DNI. Algo que desde siempre me dio mucha pereza por aquello de las fotos, pedir cita, etcétera, etcétera, sabiendo además que, en este momento, cualquier trámite que haya que hacer debe pasar por una administración cada vez más lenta y problemática y que te puede llegar a pedir la póliza redonda. Pero aquí el padre de mis hijos es un fiel cumplidor y, mucho antes de que caduque del todo, ya me pidió hora. Y dado que en estos momentos es mi chófer, me lleva y me trae a fotos y a lo que haga falta.
Pues bien, he de decir que al ir a la comisaría, con mi cita, por supuesto, la cosa fue bastante rápida. Nos iban llamando tal cual por el nombre que tenían apuntado –muy tecnológico no era– y pasamos a cumplir con el deber nacional.
Me encuentro con una joven funcionaria encantadora y observo que ya no hay que mancharse los dedos porque eso sí es tecnológico. Creo que ya lo era la otra vez que renové, pero mi memoria me está fallando mucho.
Doy los datos y la amable joven me pregunta si pongo la misma dirección y yo, sin pensarlo, contesto que sí. Rellena los datos y, cuando me lo va a dar, me dice: Ah, no, que me equivoqué, que este es el perpetuo. Uffff. Pero qué mal me sonó eso.
¿El perpetuo? De repente me vino la duda de si la chiquilla era que no me veía como para el perpetuo, lo cual me llenó de orgullo y satisfacción. Pero le dije que no, que seguro que era el perpetuo dada mi fecha de nacimiento. Así que, un poco mosqueada, salí con mi nuevo DNI perpetuo. Al cabo de unos días, aquí mi colega me lo mira y da un alarido: Pero tú qué domicilio pusiste, por Dios! Arggg... Tenemos que volver, que no puedes ir por ahí con una dirección falsa. Así que volvimos a explicarle al señor agente que está en la puerta que regreso porque me confundí en la dirección, seguro que este sí que se creyó lo del perpetuo y me dice que no va el sistema y que toda aquella gente que estaba esperando se tiene que ir. Que vuelva otro día. Y volví. Y cuál será mi sorpresa cuando me dice que el sistema sigue sin funcionar y que pida hora para otra cita.
Me pareció todo como del siglo pasado y, de repente, algo me empezó a sonar. Claro: la Policía Nacional, como la Guardia Civil, depende del Ministerio del Interior; ese que no tiene dinero para salvar la vida de dos guardias civiles, que depende del que se enrabia, va a tenerlo para dotaciones tecnológicas.
Así va el país.
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