Opinión | Crónicas de barrio
El santo de las muletas
A las ocho y cuarenta y cinco aparece Benjamín por la puerta lateral de la Basílica. Ni antes ni después. A esa hora en que la ciudad todavía bosteza y los bares empiezan apenas a desperezar las cafeteras, él ya viene avanzando despacio, acompasado al golpecillo seco de las muletas sobre el suelo. Tac. Tac. Tac. Como un reloj viejo que nunca se retrasa.
Entra sin hacer ruido. Eso tiene Benjamín: ocupa poco espacio, pero deja mucha presencia. Saluda con una inclinación mínima de cabeza, toma agua bendita con devoción, y se sienta siempre en el cuarto banco de la izquierda, como si pidiera permiso hasta para rezar. Hay personas que hacen de la fe una trompeta; él la convierte en silencio.
Adorador fiel del Santísimo, tiene mirada de hombre acostumbrado a hablar mucho con Dios y poco de sí mismo. Mientras otros andamos atropellados por la prisa, Benjamín permanece quieto ante el Sagrario con una paciencia de árbol viejo. Nadie le oye quejarse. Y eso, en estos tiempos de protestas continuas, ya parece una forma de santidad.
Los sábados invita a café a los sacristanes, y a este cronista. Lo hace con naturalidad humilde, casi escondiendo el gesto, como quien deja una limosna dentro de un bolsillo ajeno. “Vamos a tomar algo”, dice. Y allí aparece después, entre cucharillas y conversaciones pequeñas, repartiendo bondad sin darse importancia.
Habla de sus hijas y de su nieto con un orgullo sereno, sin exhibiciones. Se le ilumina la cara. Hay hombres que presumen de viajes o de dinero; Benjamín habla bajito de su familia, que es una manera más limpia de presumir.
Y cuando hace falta ayudar en la Misa, deja las muletas apoyadas junto a la pared y acude. Así, sin teatro. Como si el Evangelio fuese exactamente eso: levantarse y servir aunque uno vaya renqueando por la vida.
En la Basílica todos los que madrugan, lo conocen. Algunos quizá no sepan explicarlo, pero entienden que hay personas que sostienen una iglesia más que las columnas. Y Benjamín es una de ellas. Un santo discreto. Un santo con muletas.
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