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Opinión | Tormenta de ideas

Segunda temporada

Veamos. No es fácil. Tirada en una hamaca, aguantando estoicamente este calor que sofoco con un baño en agua transparente, ustedes me dirán que de qué hablo. Pues les cuento. Una, que hasta ahora era optimista por naturaleza, sabía que estas vacaciones estaban reservadas desde hace meses. Y yo, claro, me veía saltando y corriendo a los dos meses y diez días de la prótesis. Pues no. Verán. El dolor es constante en cuanto me levanto de una silla, de la cama, y para qué comentar lo que necesito para alzarme de una hamaca, que si no tengo a mi "compi marido", me tiene que levantar una grúa. En un momento en que lo intenté sin él, casi tiro la sombrilla por intentar agarrarme. Sé que esto va despacio, pero no es para mí. Esta inmovilidad me está matando. Llega un momento en el que no quiero levantarme, porque los dolores no son de "esa pierna"; es todo. La otra rodilla, por lo que aguanta; la espalda, que se curva al cojear; y el alma, que parece corresponderse con mi edad cronológica, cuando antes mi alma era joven, sin arrugas, luchadora y siempre alegre, aunque a veces se nublara por las circunstancias. Así que estoy entre playa, piscina y cama, y si tengo que dar cuatro pasos, me niego. Y todo esto solo tiene una ventaja: la tele del hotel sigue con mi serie favorita. He podido continuar con la segunda temporada, en la que aparecen nuevos (bueno, yo ya los veía de protagonistas) actores. Uno de ellos es malo, malísimo, y encima tenía una imagen dulce, de paz y amor. Y resulta que saca pasta y colabora con otro dictador que tiene a su pueblo muriendo de hambre, mientras él y este amigo, apodado "Bambi", se llenan los bolsillos de millones de dólares. Y en esto también hay igualdad, porque aparecen unas mafiosas, hijas del padrino, jovencitas ellas, que yo había perdido de vista en esta telenovela. Y en estas estoy, señores. Esperando a ver si al fin cae toda la red, que además parece que es internacional. Y me encanta ver cómo aquellos que aplaudían con las orejas a "Bambi" y a su amigo "el 1" creen que la corrupción es cosa de los demás. Y si la poli o los jueces les echan mano, resulta que todo es conspiración de aquellos que sí eran "los más corruptos". Porque en esta serie hay muchos, pero muchos, que miran para otro lado y se tapan la nariz ante la podredumbre de la que siguen rodeados. Nos quedará la tercera temporada, en la que, a ver si de una vez por todas, van desfilando todos y cada uno hacia la trena.

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