Opinión | Caloninos en la Cantábrica
Un calor sofocante
La seguridad en las playas y lo que de verdad importa
En este verano adelantado que los gijoneses estamos disfrutando/padeciendo (cada cual, según su termostato, elija la descripción correcta) no hay mejor forma de aliviarlo que con un calonín en el Cantábrico. Apurando las últimas semanas antes de que el mar parezca caldo entre carabelas portuguesas y medusas. Ojo, que ya está a 19 grados. Unas aguas, por cierto, hay que reconocerlo, que cada vez están más cristalinas gracias a todo el trabajo realizado en los últimos años sobre el río Piles. Pero también, como siempre ocurre con el mar, pueden llegar a ser traicioneras por las corrientes.
Pasar calor siempre me pareció ordinario. De abono de sombra, vamos. Y eso que más de una vez me tocó poner gorra a la solana en época de estudiante, porque gracias a Dios crecí en democracia y a mí no me prohibieron ir a los toros siendo un niño. Se conoce que todo va a peor en Asturias. En la capital marítima del Principado tenemos el mar para refrescarnos como primera opción. Eso sí, la temporada de baños no ha empezado de manera tranquila a juzgar por los episodios vividos esta última sofocante semana. Dos grupos de jóvenes, uno el lunes y otro el martes, tuvieron momentos de apuro para salir del agua en la playa de San Lorenzo, ambos en una zona similar entre la Escalerona y la zona centro. Afortunadamente, pese al despliegue, todo quedó en un susto. Pero debe servir como advertencia para tener un verano tranquilo.
Más allá de la presencia de los integrantes del equipo de salvamento, que siempre ha sido referencia nacional, conviene apelar a la prudencia de cada bañista, ya sea playu, gijonés o foriatu, pues es sabido que, por lo general, solo se ahogan los que saben nadar. Los que no saben, pues no se meten. No debería ser necesario hacer pedagogía y recordar que atender a las indicaciones de los socorristas –ya sea mirando el color de las banderas o a las indicaciones vía silbato– resulta capital para lograr que a finales de octubre volvamos a colgar el ramo de laurel.
Sí deberían estar más pendientes, las autoridades digo, a evitar esos saltos con marea llena que muchos jóvenes, la mayoría menores, llevan a cabo en el Muelle o en la Cantábrica. Escenas habituales –sin ir más lejos estos días atrás– que cualquier día terminarán en desgracia y ya será tarde. Pero bueno, la prioridad ya se sabe es que no vayan a los toros después del chapuzón.
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