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Con freno y marcha atrás

Parafraseando el título de una de las más conocidas comedias de Jardiel Poncela, podríamos decir que algunas cuestiones locales, y sólo por citar una muy concreta la referida a los patinetes, tienen “freno y marcha atrás”. Así parece demostrarlo el reciente golpe de timón dado por nuestra alcaldesa, dejando sin efecto la prohibición de circulación de estos vehículos en las calles más céntricas de la villa programada desde la concejalía de Movilidad.

Dice la sabiduría popular, a la que no conviene enmendar, que “rectificar es de sabios”. Pero no es menos cierto que el abuso de esta técnica, y no es la primera vez que asistimos a súbitos cambios de rumbo en otras materias en los últimos meses, puede transmitir, en primer lugar, cierta imagen de improvisación y descoordinación. Y en segundo lugar puede alentar también la proliferación de movimientos respondones y contestatarios frente a cualquier medida consistorial puesta en solfa, con la esperanza fundada a la vista de los hechos, de poder torcer fácilmente la mano de nuestros munícipes. Así que debería buscarse el necesario equilibrio entre una aconsejable cintura a la hora de plegar velas o corregir actuaciones, y un excesivo recurso a este mecanismo que pueda interpretarse más bien como muestra de debilidad.

Lo que no parece tener freno ni marcha atrás es la llegada adelantada del verano. Bien que se agradecen el solecito, y las mayores horas de luz. Menos unas temperaturas cuasi tropicales que, aunque afortunadamente ya dulcificadas en los últimos días, esperamos no sean la tónica del inminente verano. Sobre todo, cuando estamos acostumbrados a vender el tópico de nuestro verano de “rebequita” para las tardes-noches, y manta para dormir.

Dónde no brilla precisamente el sol, sino que se ciernen más bien negras nubes, es en el panorama nacional. Por más que desde algunos sectores políticos, y sus ramificaciones de “opinión sincronizada”, se insista en hablar de “lawfare” o teorías conspiranoicas sobre altas confabulaciones en instancias judiciales o policiales, son ya demasiadas coincidencias o casualidades en la misma dirección. Lo que hace que estos argumentos se contemplen cada vez más, por una creciente mayoría social, con el mismo escepticismo y hasta choteo con el que se escuchaba aquello de la “conjura judeo masónica” en los postreros años del tardofranquismo.

Hay imágenes que son demoledoras. Frente a cuestiones que pueden admitir matices, explicaciones o razonamientos, otras son gráficamente contundentes y casi de imposible justificación. Así pasó, la semana pasada, con esas fotografías de una caja fuerte cargada con un arsenal de joyas, tan valiosas como horteras, de inconfundible origen arábigo. Y aquí, mucho me temo, que ya tampoco es posible ni el freno ni la marcha atrás.

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