Opinión

Directora del Centro Integrado de FP de Comunicación, Imagen y Sonido de Langreo
Licencia para rodar
Entiendo perfectamente que el ayuntamiento de Gijón tomase durante unos días la decisión de vetar la movilidad de las personas en patinete eléctrico por la zona centro. El rapto prohibicionista me recuerda los que yo tenía con mis hijos cuando, harta de sus triquiñuelas, decretaba el apagado sine die de la tele o la PlayStation. Luego reflexionaba que la maternidad a mandoble limpio no me ayudaba en lo fundamental: que mis retoños desarrollasen su responsabilidad. Y volvía al modo regulatorio-vigilante. Es agotador, por momentos frustrante, pero entrena a vivir en sociedad.
La irrupción de los patinetes eléctricos en nuestras calles nos ha pillado a contrapié. A quienes van sobre ellos y a quienes por momentos hemos de sortearlos. No hay cifras exactas de cuántas personas utilizan este medio de movilidad urbana rápido, económico, silencioso y sostenible. Pero enseguida lo sabremos gracias a la entrada en vigor de las medidas regulatorias de la DGT para los “vehículos de movilidad personal”, VMP. Los de más de 25 kilos habrán de registrarse y disponer de matrícula. Además de respetar parecidas reglas que el resto, seguro incluido.
La DGT ofrece un marco regulador alineado con las directivas comunitarias al que los ayuntamientos pueden sumar sus ordenanzas. El meollo de la cuestión es hacer respetar todo. Desde cero, puesto que los patinetes han campado a sus anchas, asilvestrados, sin más norma que el sentido común. Y fiar todo en seguridad vial a esa única ficha es empíricamente arriesgado.
En definitiva, ahora hay que poner el cascabel a los VMP sin perder los nervios ni el contexto. Ya lo dice la DGT -que en esto tiene callo- en su campaña para dar a conocer las reglas del juego: “te animamos a moverte como quieras”, pero “respeta”. En Gijón no deberíamos perder ese enfoque. Afortunadamente, después del arrebato inicial, el equipo de gobierno se ha percatado. Pero podrían habernos ahorrado a unos el desconcierto y a otros el susto.
Porque un grupo de respetables autónomos usan el VMP como herramienta profesional para servir a pie de puerta productos por encargo. Otro nutrido colectivo lo utilizan como medio viable de transporte en horarios intempestivos de trabajo. Las madrugadas se pueblan de sombras rodantes que vuelven o van con la mirada fija en su proyecto de vida.
Todas esas personas -además de aquellas a las que benefician con su ir y venir- merecen ser tenidas en cuenta. Y esto incluye escucharlas con la misma atención que al resto, ofrecerles reglas del juego, exigirles su cumplimiento y vigilarlo. Para eso están los procedimientos sancionadores que todo conductor conoce bien. Y el que esté libre de multa, que tire la primera piedra.
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