Opinión | Crítica/ Música
Antonio Orozco, en su mejor momento
Nueve años después de su última visita a Gijón, Antonio Orozco regresó a la ciudad para celebrar sus veinticinco años de carrera e iniciar la gira de presentación de su nuevo trabajo, "El tiempo no es oro". Y pocas ciudades podían resultar más apropiadas para ello. Orozco manifestó en varias ocasiones durante la velada el cariño que siente por Gijón, pero el sentimiento es claramente recíproco: miles de personas abarrotaron la pista y las gradas para recibir a un cantautor que ha experimentado una notable y coherente evolución y está en el mejor momento de su vida artística.
Quienes recuerden su anterior actuación en la ciudad seguramente tendrán presentes aquellos largos discursos que regalaba entre canción y canción. Esta vez apenas hubo espacio para ellos. Lejos de ser un reproche, la ausencia de esas intervenciones demuestra cómo ha cambiado su manera de comunicarse con el público. Todo ese amor, esa sensibilidad y esa cercanía que antes transmitía a través de la palabra ahora se encuentran plenamente integrados en sus canciones.
La transformación también se percibe en la voz (canta mejor que nunca) y en la puesta en escena. El concierto, impecable durante las dos horas de duración, contó con una producción cuidada y una banda de grandes músicos que arropó cada una de las composiciones. Es cierto que de un artista de su categoría se espera un alto nivel técnico, pero lo que sigue distinguiendo a Orozco de muchos de sus contemporáneos es su extraordinaria capacidad para conectar emocionalmente con el público.
El nuevo disco tuvo un protagonismo destacado durante la noche. "El tiempo no es oro" es un trabajo cargado de verdad y sensibilidad, y así quedó reflejado en las interpretaciones de temas como "Bebé" o "El problema fue la solución", dos de los momentos más íntimos y emotivos del repertorio.
Por supuesto, tampoco faltaron los grandes clásicos. Canciones como "Mi héroe", "Estoy hecho de pedacitos de ti" o la imprescindible "Devuélveme la vida" sonaron renovadas gracias a unos arreglos intensos y cuidados que fueron coreados de principio a fin por un público completamente entregado. Hubo emoción, recuerdos y hasta alguna lágrima en una noche que confirmó la excelente relación entre el artista y la ciudad.
Antes de despedirse Orozco prometió regresar pronto. Después de la acogida recibida, no cabe duda de que Gijón volverá a recibirle con los brazos abiertos.
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