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Opinión | La trastienda

Desgobierno

Dice el diccionario que desgobierno es desorden o desconcierto. Si los académicos conocieran el caso de Gijón, su definición se concretaría tras el estudio del asunto durante los últimos tres años para dar lugar a: dícese de la preparación de proyectos sin previa consulta, de la ausencia de comunicación entre los miembros del gobierno, de nulo liderazgo del equipo, de rectificación de la alcaldesa a sus concejales en cuanto aparecen las protestas, con reuniones anunciadas diariamente, de la realización de muchas fotos y propaganda para luego esconder el proyecto hasta que escampe. Como una ampliación así necesita hechos que permitan contrastar que la máxima responsable de este desgobierno actúa así por norma, hay que poner a disposición de académicos los casos del Museo Piñole, Albergue Covadonga, contenedores de ropa, comedores escolares, Copa de la Reina, tráfico en Munuza y más recientemente la no prohibición de los patinetes por el centro. Y aún nos queda un año. Suficientes casos y con implicaciones en el desgaste del equipo de gobierno y de quien tiene la máxima responsabilidad de hacerlo funcionar sin fricciones que es la Alcaldesa. No es raro que algunos hablen ya del "comodín de la Alcaldesa". Es decir, que si alguna decisión municipal no te agrada eleves la protesta a la regidora, previo paso por algún medio de comunicación, para conseguir que de lo dicho nada y de lo hecho menos. Se vuelve todo anestésico en una ciudad que quieren que duerma entre propaganda y redes sociales.

Pero hay una excepción donde poder ver que ocurre cuando se escucha: la concertación social. El modelo de acuerdo en materia de desarrollo económico y empleo en el que Foro no creyó cuando llegó al gobierno gijonés por primera vez, haciéndonos pasarlas muy oscuras hasta conseguir renovar un pacto entre administración local, representantes empresariales y sindicales. Durante meses las tres partes discuten lo que la ciudad necesita en empleo, desarrollo económico y turismo, con el conocimiento que da la realidad diaria y las posibilidades que los técnicos municipales ponen en competencias y presupuesto. Planificación para cuatro años, flexible para adaptarla a lo que vaya ocurriendo, presupuesto comprometido, control en la ejecución, diálogo no siempre sencillo y pacto. Aquí no se improvisa, se escucha al inicio , se pacta con realismo y se ejecutan compromisos. Eso forma parte del gobierno. Lo que ocurre en el despacho de la Alcaldía , como puede comprobarse, es desgobierno.

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