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Opinión | Tormenta de ideas

La felicidad de andar por casa

La felicidad es uno de esos conceptos sobre los que todos creemos tener una idea clara, aunque probablemente cada persona la entienda de una forma distinta. Es importante pensar en qué es realmente lo que pretendemos en la vida: si conseguir la felicidad con mayúsculas, esa hecha de grandes metas y grandes esfuerzos, esa que nos obliga a tener un amor eterno con la pasión del primer día, a no tener problemas de salud ni económicos, a tener unos hijos que no den problemas y, en general, a pasar de puntillas por el sufrimiento. Un sufrimiento que es necesario para valorar mejor las pequeñas cosas, los pequeños logros, las pequeñas victorias. Se valora más la risa cuando se ha llorado mucho, la salud cuando se ha estado enfermo y la tranquilidad cuando se ha estado angustiado. Quizás una de las ventajas de crecer, de envejecer, es que la experiencia de la vida te enseña realmente lo que debes esperar, lo que merece la pena. Y es así como cada uno se forja la felicidad conseguida tras mucha lucha, muchas penas y muchos desencantos. Se consigue despacio, sin ruido, sin aspavientos. De repente, un día te das cuenta de que está ahí y que quizás no la habías visto. Empiezas a disfrutar de pequeñas cosas que te hacen verdaderamente feliz. A veces esa felicidad se esconde en la sonrisa de tus nietas, en un "te quiero, tata", en una buena noticia inesperada o en el agradecimiento de alguien. También en el olor a tierra mojada después de la lluvia o en una emoción que todavía consigue estremecerte. Sentir, en fin, que estás viva, que tienes ilusión y que aún puedes sorprenderte aunque tus arrugas en el alma a veces te lo impidan. Que necesitas aprender más y más, que no hay tiempo suficiente, eso lo sabemos los mayores más que nadie, para ser todo lo feliz que uno puede ser. Es, en fin, ser agradecido a lo que la vida te ha dado, a lo que cada día te regala. Una familia, unos hijos que, a pesar de todo, de sus adolescencias, de sus rebeldías y de esos inevitables desencuentros, están ahí, a tu lado. Es saber que tú has contribuido a su felicidad, a sus amores, a sus amigos, a sus éxitos escolares o ya profesionales, porque has luchado con ellos y por ellos. Es la felicidad de verles crecer como seres humanos, siendo eso... humanos. Es también valorar esas pequeñas cosas que tantas veces pasan desapercibidas. Es, en resumen, algo tan sencillo como sentirte bien por fuera y por dentro cada día, estar en paz contigo mismo. Es, en realidad, todo y nada, porque buscas y encuentras nada más y nada menos que esa "felicidad de andar por casa", esa de la que siempre hablaba mi madre, la que ella nos hizo sentir.

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