Opinión
Día Internacional del Juego
El 11 de junio se celebra el Día Internacional del Juego. Reconocido por la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño como un derecho fundamental (en su artículo 31), hoy se promueve con especial énfasis para resaltar el valor indispensable del juego al aire libre.
Curiosamente, hoy en día lo lúdico reina en nuestras vidas. Elementos tecnológicos, apps, entornos gamificados y todo tipo de sistemas informáticos nos rodean. Incluso nuestros vehículos se han convertido en una especie de juguetes electrónicos con miles de aplicaciones, pantallas gigantes, lucecitas y modos de conducción para hacernos la experiencia más amena, convirtiendo la rutina diaria en una especie de juego.
Las metodologías de enseñanza tampoco se han quedado atrás. Desde hace décadas se viene resaltando el valor del juego para educar, y es aquí donde cobra más fuerza que nunca: el cerebro de un niño que se divierte mientras aprende está más despierto, y sus conocimientos se tornarán más duraderos. El juego es, hoy en día, un método indiscutible de enseñanza.
Sin embargo, paralelamente a estos avances, hemos arrinconado la esencia misma de la niñez: el juego espontáneo e infantil al aire libre.
Las plazas se han llenado de carteles de "prohibido jugar", preocupadas por mantener un orden rígido y evitar el conflicto. Las ciudades han crecido y la privatización masiva de los espacios públicos ha reducido el juego exterior a su mínima expresión. Este proceso ha venido acompañado de un envejecimiento de la población muy marcado durante las últimas décadas. Una población que a menudo, sustituye la presencia de niños por mascotas para evitar la soledad.
El juego al aire libre vive en horas bajas; las voces de los niños jugando y gritando en las plazas se han convertido en una anomalía. En su lugar, terrazas, tiendas y zonas privadas pueblan la ciudad, y el juego se percibe como una amenaza para el confort del adulto. En este contexto, el balón se ha convertido en el enemigo público número uno de plazas, urbanizaciones y calles que lucen orgullosas la popular frase: “Prohibido jugar al balón”.
Viajando en la memoria, recuerdo cuando era niño y tomábamos la calle cada tarde. Balones, carreras, bicicletas, gritos y hasta peleas eran el atrezo natural de cualquier calle o plaza de Gijón, y prácticamente de cualquier ciudad. En verano, cuando viajábamos al pueblo, era aún más extremo: partidos de fútbol y baloncesto en mitad de la calzada. Cuando aparecía un coche, alguien gritaba: “¡Coche!”, nos apartábamos unos instantes y a seguir jugando. El coche era el extraño y los niños reinaban en la calle.
Hoy en día, sin embargo, nos hemos acostumbrado a una imagen muy diferente: calles inundadas de vehículos y carteles de prohibición. ¿Dónde juegan hoy los niños? Las pantallas han sustituido a la plaza y al balón, y lo peor es que nos hemos habituado tanto que ya casi nadie se sorprende.
“Menos juegos, menos problemas”. Muchos niños confiesan que los adultos les amenazan con llamar a la policía o les caen inmensas broncas cuando intentan jugar en una plaza. Prohibir el balón ha sido la solución más aplaudida. Un recurso que, lamentablemente, también han ido adoptando los centros educativos en sus patios.
El juego al aire libre dota a la interacción entre niños de un valor único e incalculable. Gestionar la frustración, empatizar, llegar a acuerdos, ejercitarse y salir del espacio virtual son hoy una necesidad vital y urgente.
Los profesionales de la salud nos lo recuerdan con frecuencia: la actividad física al aire libre es imprescindible para un desarrollo saludable. Entonces, ¿habrá que pensar más en la infancia? ¿Habrá que replantearse el "prohibido jugar"? Es momento de diseñar espacios que devuelvan la calle a la infancia.
Como conclusión, les confieso un sueño recurrente: paseo por una plaza cualquiera y leo carteles que dicen: “Niños jugando, compartan su alegría”.
Feliz Día Internacional del Juego.
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