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Opinión | El disfraz de las mentiras

De Papas y gaviotas

Estamos en el año 2026 después de Jesucristo. En toda la Galia, o en el caso que nos ocupa, en toda la España mediática, no se habla de otra cosa que de la visita del Papa León XIV ¿En toda? ¡No! Una ciudad del norte poblada por irreductibles gijoneses resiste al torbellino, y en todos sus foros el tema estrella es la saña con la que un lugareño actuó contra una gaviota que no tuvo otra ocurrencia que robarle el pincho mientras disfrutaba de su consumición en una terraza de la calle Corrida. Cuenta Nico Martínez en LA NUEVA ESPAÑA que "el hombre se encontraba junto a su mujer en una terraza cuando una gaviota que se encontraba alrededor de ellos se acercó en exceso a su mesa y al pincho que había sobre ella. La respuesta del varón fue coger al ave. Terminó matándolo".

Ajeno a toda la polémica el papa Santo de Roma llenaba ese mismo miércoles las calles de Barcelona para terminar el día en una Sagrada Familia que mostraba al mundo la culminación de la torre de Jesucristo. Mientras, unos drones pintaban el cielo con el rostro de Gaudí. En los medios nacionales se debatía entre las distintas formas de organizar los actos que habían tenido las dos ciudades más grandonas. Se escuchaban argumentos a favor del fervor castizo madrileño mientras otros preferían la modernidad modernista de la ciudad condal. Estas polémicas se sumaron a las que habían tenido lugar después de que todos los grupos políticos se pusieran de acuerdo en ovacionar al sumo pontífice por su discurso en las Cortes. Siete minutos, siete, de aplausos y vítores que concluyeron un sermón del que cada uno oyó lo que quiso oír y así, por ejemplo, los unos se quedaron con sus palabras a favor de la emigración y los otros con sus condenas al aborto o a la eutanasia.

En nuestro Xixonín del alma no nos pillan de sorpresa estas contradicciones porque algo parecido nos pasa con nuestro Prócer local, un Jovellanos al que no dudan en recurrir todos los partidos políticos porque algo dijo que les viene bien, que para algo era ilustrado. ¿Qué pensaría el bueno de Gaspar Melchor de lo de la gaviota? ¿Vería bien que el asesino de gaviotas robapinchos se pasara cuatro horas en los calabozos acusado de un delito de maltrato animal? ¿Quién sabe? Si repasamos el paseo inicial de Antonio Albajara por Gijón en el "Volver a Empezar" de Garci vemos un puerto deportivo sin barandilla, un peligro para los chiquillos de la época que nos acercábamos temerariamente al borde. Me contaba otro ilustre gijonés, Pachi Poncela, que cuando el Ayuntamiento de la época decidió poner la barandilla que hoy conocemos alguno dijo "¿A quién se le ocurre poner una barandilla para que se suban los guajes y caigan al puerto?". Xixonomía en estado puro que no hay Papa que pueda eclipsar.

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