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Opinión | Tormenta de ideas

Pinchos

Supongo que todos ustedes saben que en Gijón no concebimos tomar nada en cualquier sitio sin que nos pongan un pinchín. Cierto es, por otra parte, que cuando hablamos de uno, es uno, no toda la bandeja.

Recuerdo que alguien, en un bar, se zampó a todos los pinchos que había en la barra y, cuando se los cobraron, algo que es más que lógico, reclamó. El suceso fue tan comentado que hasta una concejala tuvo una grandiosa idea. La ordenanza municipal avisaba de la obligación de poner un cartel que advirtiera de que solo se pondría un pincho por consumición. Algo que, por supuesto, nadie hizo y seguimos, por tanto, disfrutando de uno o más pinchos, que nuestra hostelería es más que generosa.

Porque el pincho en Gijón, y en muchos otros sitios de España, es una tradición, una necesidad, algo imprescindible en nuestras vidas. Por eso hay que entender al caballero a quien una osada gaviota trató, como hacen casi siempre, de dejarle sin él. El hombre llegó a tiempo de impedirlo, dando un manotazo y retorciéndole el cuello para conseguir evitarlo. De la lucha, el ave quedó malherida en la acera y, como es más que lógico, ante esa cruel ejecución, la gente acudió rauda a acompañar a la pobre gaviota en sus últimos estertores.

Desgraciadamente no había sanitarios para hacerle la reanimación, ni siquiera un maldito desfibrilador. Pero eso sí, una ejemplar ciudadana llamó ipso facto a la policía, que llegó volando para detener al criminal, al que llevaron al calabozo, donde suponemos se arrepintió de semejante barbaridad durante las cuatro horas que pasó en la mazmorra.

Fue un maltrato animal en toda regla y tendrá que enfrentarse a un juicio sumarísimo, en el que quizá la Fiscalía pida años de cárcel y una sustanciosa indemnización para la familia de la finada.

Que conste, por cierto, que tanto la anécdota de la ordenanza municipal sobre los pinchos como el asesinato de la gaviota nos han colocado en la escena nacional, que ya es algo.

Ah, para evitar suspicacias y para los conspiranoicos: el símbolo del PP no es una gaviota... ¡es un charrán!

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