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Gavioticidio

Esta última semana ha estado en boca de todos el “gavioticidio” perpetrado, a plena luz del día y en la mismísima calle Corrida, por un hastiado cliente de la hostelería local que vio peligrar la integridad del pincho que acompañaba su consumición. Sin duda la escena habría merecido, en otros tiempos, alguna ingeniosa ilustración con otro “Gaviotu” como protagonista, aquel playu de Cimavilla de las viñetas humorísticas dibujadas durante décadas, en un conocido diario local, por Juan Martínez García-Rovés (“Rovés”).

Lejos de mí tratar de justificar la violenta y desproporcionada reacción del atacado cliente. Pero ante la creciente y descarada voracidad de estas aves en algunas zonas de la ciudad, que por momentos parecen recordarnos la película “Los pájaros” de Hitchcock, uno puede llegar a disculpar ciertas reacciones y desahogos que no deberían acabar, no obstante, en escenas tan truculentas como las recientes. Todos sabíamos que sólo era cuestión de tiempo que esta difícil convivencia acabara provocando algún altercado desagradable.

Lo cierto es que las gaviotas han desarrollado un especial sentido para amargar la vida a los ciudadanos que disfrutan del ocio, casualmente, en los espacios más concurridos y emblemáticos de la ciudad. Tomar una consumición en algunas de las terrazas de la citada calle Corrida, o en el paseo de Begoña, es ya un deporte de riesgo. Y para qué hablarles de los que aún sean tan osados de pretender comer en la playa de San Lorenzo, aprovechando el buen tiempo. Ni los mismísimos socios del Club de Regatas, que acaban de estrenar renovado bar en el balneario de Santa Catalina, se libran de estos ataques voladores a sus mesas.

Las campañas municipales de control poblacional de esta especie sin duda habrán contribuido a aminorar los riesgos, pero lo cierto es que no han atajado el problema, porque las gaviotas que quedan resultan cada día más agresivas y decididas a la hora de atacar viandas y comensales. Esperemos que la anunciada suelta ocasional de halcones tenga efectos mayores.

Tiempos hubo, en los 50-60 del pasado siglo, en los que GIFESA («Sociedad Gijonesa de Iniciativas, Festejos y Atracciones») encargaba una artística falla a artesanos valencianos, conocida como “gifesu”, para su quema como hoguera en la víspera de San Juan. En 1960 el “gifesu”, quemado en lo que hoy es el Humedal y entonces plaza de los Mártires, tuvo como motivo una reproducción del llamado rascacielos de Bankunión, levantado pocos años antes, coronado con la figura de un gran azor, o “ferre” en asturiano. Igual hay que recuperar al ferre del “gifesu”, con tan privilegiado y céntrico emplazamiento, para mantener a raya a las gaviotas de Corrida y alrededores.

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