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León XIV en el Congreso

El Papa es el líder de una confesión religiosa. Por cuestiones legales, para abrir puertas que como religioso tendría cerradas, es también jefe de estado, de un estado que lo es gracias al poder y las riquezas acumulados históricamente contraviniendo las palabras de Jesucristo.

La religión católica no es la que más seguidores tiene; en el mundo hay mil cuatrocientos millones de católicos sobre un total de dos mil cuatrocientos millones de cristianos; el islam tiene dos mil millones y el hinduismo mil doscientos. Se estiman en mil novecientos millones los no creyentes. En España, según el CIS, se reconocen católicos practicantes alrededor del 16–19 % de la población y no practicantes el 36–37 %. Hay nueve millones de practicantes en una población de 49 millones.

Todo esto viene a cuento de la intervención papal en el Parlamento. ¿Qué pinta un Papa en el Parlamento de un estado aconfesional? ¿Permitiríamos que el Gran Imán hiciera lo mismo?  León XIV, que el día anterior manifestó unas opiniones sobre Gaza, la inmigración y la desigualdad, que chocaban con los discursos de PP y Vox, incluso con leyes y prácticas del propio Vaticano, los resarció ampliamente condenando las leyes del divorcio, aborto, eutanasia, y matrimonio igualitario que hacen de España un país socialmente adelantado y abanderado de los derechos humanos.

Se entiende que los partidos de la derecha rompieran en aplausos disimulando el varapalo  del día anterior, pero ¿cómo justifican los partidos de izquierda su cerrada ovación a quien desautorizó las conquistas sociales logradas durante años? Podemos y BNG no asistieron a la sesión.

El Papa simuló interesarse por la pederastia recibiendo en privado a seis víctimas, pero la mayoría de asociaciones de afectados protestaron y criticaron públicamente no ser recibidas y que no hubiera decisiones importantes. Tampoco habló del tema en Montserrat, zona cero de los abusos, donde hubo multitud de casos por acción y omisión y varios colectivos de víctima esperaban unas palabras que no pronunció. No recibió a los niños robados ni atendió la petición de las víctimas para abrir los archivos de la iglesia, única manera de acabar con la impunidad de los responsables de un delito execrable, que solo miserables sin escrúpulos pueden cometer.

Se despidió en Canarias abrazando a los inmigrantes, esos que el Vaticano multa y condena a penas de prisión si acceden sin autorización.

La visita de León XIV fue como los fuegos artificiales: deslumbran unos instantes, les sucede la oscuridad más absoluta, y son caros y peligrosos

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