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Opinión | Palabras con silencios

Mantener la mirada alzada

LA NUEVA ESPAÑA, el domingo pasado, como balance de la visita pastoral de León XIV, publicó un editorial titulado: “Un viaje que deja huella y fija el rumbo de la Iglesia”. Esta es la tarea que nos deja el Papa. No hay duda que nos “levantó la mirada” y nos dio las claves que tienen que fundamentar la acción de la Iglesia española en los próximos años. Refuerzan el programa que acaba de elaborar la CEE para el periodo 2026-2030 formulado con este lema: “Poneos en camino”. Se pueden sintonizar los dos fácilmente: “Poneos en camino con la mirada alzada”.

Más que un viaje, fue un encuentro de trabajo pastoral para ayudar a la Iglesia Española a  encontrar una forma de evangelización que respondaa los tiempos actuales, tan aceleradamente cambiados por una descristianización rayando la laicidad, que había hecho descender la adscripción y la práctica católica en los últimos 25 años a porcentajes preocupantes, sobre todo en la generaciones jóvenes.

El programa de la visita estuvo muy bien trazado, señalando las tres fases de que consta la evangelización: Anuncio-catequesis, celebración y compromiso. En las 4 ciudades que visitó, las catequesis fueron claras y la asistencia muy numerosa y juvenil, las celebraciones con una liturgia piadosa y bellísima y el compromiso con los marginados, especialmente con los migrantes, se puede cifrar en la frase por el pronunciada: “La dignidad humana no tiene pasaporte, ni pierde valor al pasar una frontera” o a los presos de Brians en Barcelona: “Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona”

Para muchos, la gran sorpresa fue ver cómo salía a la calle na iglesia gozosa, entusiasmada, positiva, alegre, como si el viento del Espíritu que sin duda acompaña a toda acción evangelizadora (algo trascendente tiene que manifestarse, porque no es solo acción humana) soplara sobre las brasas y volviera a rebrotar la lumbre de una iglesia-hogar, acogedora, fraterna, solidaria, juvenil, hambrienta de espiritualidad y hasta de silencio interior, de llenar su vacío con amor de quilates… Era necesario superar el bache de una iglesia amilanada, aburrida (eso decían los jóvenes),  que demuestra que Jesucristo, con dos mil años de misteriosa pero real presencia, muestra un camino, enseña una verdad y da una vida que llena el corazón e ilumina el misterio de la existencia humana. La Iglesia no es  “un Museo por su pasado que visitar sino una escuela de fe que nos enseña a vivir”, nos dijo en la Cibeles de Madrid.

Fue esta otra de las verdades que nos cantó: Que la fe no es solo una forma de rezar sino una manera de vivir, que enriquece la vida pública, que la fe tiene vocación de calle y que sus valores son los lo que fundamentan “la dignidad de la persona”, de toda persona, “desde su concepción hasta su fin natural”. Esta finalidad justifica la presencia y su palabra en el Parlamento. Por un momento todos los parlamentarios dejaron a un lado sus ideologías y buscando “el bien común según la recta razón” aplaudieron todos. Ahora, a caminar con la mirada alzada.

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