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Opinión | Tormenta de ideas

Las niñas

A ver, vale. Que son hijas, pero no niñas. No como aquellas adolescentes cuya imagen se volvió viral porque papi estaba ocupado con la Alianza de Civilizaciones (supongo que con países árabes que de joyas saben mucho) y mami dedicada a la ópera. Parece que ninguno de los dos se preocupó de que las niñas visitaran a Obama vestidas de una forma más formalita; más que nada para evitar el bullying que seguramente llegó después de aquellas fotos, algo que, evidentemente, yo no disculpo de ninguna manera.

Es más que evidente que sus padres consideraban que orientar o simplemente dirigir a sus hijas era algo más que facha y que la progresía aconsejaba dejarlas hacer lo que les diera la auténtica gana. Niñas, por otra parte, de 13 y 16 años. Les invito a volver a ver aquellas imágenes y juzgar por ustedes mismos si lo que ocurrió después no era más que previsible y si ustedes no lo hubieran intentado evitar. Pues eso, así siguió la cosa. Las niñas eran reivindicativas. Incluso, según cuenta en su libro Bono, ministro de su padre por entonces, quisieron ir al 15-M a manifestarse con los que después darían lugar a Podemos, que, por cierto, quedaron en aquello tan español de "querer y no poder". Querían ir a acampar, pero ahí su padre, en plan dictador doméstico, dijo que ni hablar, y tuvieron que conformarse con acampar en el gimnasio de La Moncloa.

Luego la mayor se fue con su novio okupa, con 17 añitos, a Sevilla, a un edificio que su papi impidió que desalojaran para evitar más follones y complicaciones políticas. Pero hete aquí que fueron madurando y, de progres, pasaron, como su padre, a moverse entre maquetas y vídeos de una empresa de comunicación por los que se cobraban cifras astronómicas. Cifras que, por cierto, les han permitido esta vez no vivir de okupas, porque ambas tienen su propio piso en Madrid.

Hoy aparecen vinculadas a una investigación judicial que también afecta a su padre. Según las informaciones conocidas, habrían formado parte de una estructura empresarial bajo sospecha de irregularidades. No parece fácil creer que dos mujeres ya treintañeras pudieran considerar normales determinadas cantidades cobradas por algunos trabajos audiovisuales, como por ejemplo 10.000 euros por segundo, en un vídeo de un minuto que fue abonado por la empresa Inteligencia prospectiva, que se encuentra en el punto central de la investigación.

No soy capaz de imaginar la ambición de un padre que pueda colocar a sus hijas en una situación de riesgo semejante. Esta telenovela no parece encaminarse hacia un buen final para ninguno de los miembros de una familia que, si las acusaciones terminan confirmándose, habría sido destruida por la avaricia.

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