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Maribel Lugilde

Maribel Lugilde

Directora del Centro Integrado de FP de Comunicación, Imagen y Sonido de Langreo

Ecoansiedad tórrida

De entre las seis toneladas de residuos recogidos en Poniente tras la noche de San Juan, seguro que hay restos de apuntes que adolescentes y jóvenes quemaron como símbolo de etapas que cierran -enseñanza obligatoria o superior, PAU, exámenes oficiales…- entregados al verano que será antesala de un nuevo capítulo en sus vidas. Nada extraño desde la mirada adulta: también nosotros estuvimos a pie de hoguera imaginando futuros posibles. Pero este San Juan vino encaramado a una ola de calor. Quizás para recordar que, sea como sea el porvenir para los jóvenes, será tórrido.

Ellas y ellos lo saben, figura entre sus temores conscientes. Las instituciones educativas estamos preocupadas como nunca por su salud mental; tenemos en cuenta los miedos asociados a su edad: la autoaceptación, el éxito social, las expectativas de sus familias… Pero conforme llega el momento de finalizar los estudios profesionales y caminar en el mundo adulto, llegan otros motivos de aprensión que confluyen en uno: no les gusta el mundo que les hemos dejado. Y nos miran con resentimiento porque somos responsables del legado envenenado. Cómo no entenderles.

El CIS nos dice que, en el tramo de entre los 20 y 24 años, sus principales preocupaciones son hoy la vivienda, un trabajo digno, el mundo en guerra y las consecuencias del cambio climático. Por su parte, la OMS, en un informe sobre salud mental que la vincula, entre otros factores, con la ansiedad por el calentamiento global, asegura el 73% de jóvenes entre 18 y 24 años considera que el mundo va mal, cifra que escala al 83% entre los 24 y los 34.

No sé cuántas olas de calor necesitan los negacionistas para dejar de consumir bulos. Según un interesante estudio de Fundación La Caixa, estas olas abrasadoras son, después de las sequías, el fenómeno que más enciende nuestras alertas anímicas, por encima incluso de las lluvias torrenciales o los incendios. Y este verano, según la Aemet será “extremadamente caluroso”, con olas de calor repetitivas. En realidad, cada estío es sistemáticamente más caluroso que el anterior. Y los modelos de predicción auguran para España termómetros rozando los 50°C en la segunda mitad de este siglo.

Puede que el negacionismo rancio aguante mientras se cuece a fuego lento, pero los y las jóvenes mayoritariamente entienden. No pueden permitirse autoengaños. Sienten auténtica aprensión. Convendría no perder de vista este hecho. Cuando hacemos consideraciones sobre la salud mental en las nuevas generaciones evocando nuestros tiempos. Sin reconocer que el contexto y las amenazas han mutado.

Así que bienvenida sea la futura refrigeración por norma en todos los centros educativos. Todavía más bienvenida la soñada entrada en razón de quienes pueden decidir sobre el cambio climático. En medio de todo ello, seamos conscientes de los invisibles pero certeros dardos de pavor al futuro.

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