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Opinión | Crítica/ Música

Juan Magán inaugura Metrópoli a golpe de fórmula conocida

Juan Magán, Festival Metrópoli. Recinto ferial Luis Adaro. Viernes 26 de junio de 2026.

Desde hace ya algunos años, la figura del DJ ha dejado de ser la de aquel amigo encargado del tocadiscos en los guateques -generalmente el pagafantas servicial, que se quedaba pinchando mientras los demás bailaban y ligaban-, para convertirse en una auténtica estrella capaz de encabezar festivales y cobrar cachés que, en ocasiones, superan a los de artistas de primera línea. Así ocurrió en la inauguración de Metrópoli, en Gijón, un festival que, tras más de una década de trayectoria, se ha consolidado como una de las citas culturales más importantes del verano asturiano.

La noche arrancó con el colectivo “3Pack Show”, una sesión de DJ que calentó la pista al ritmo de “Código Latino”. Como era de esperar, la propuesta se apoyó más en el espectáculo visual y el marketing que en la música. El principal atractivo recayó en las dos bailarinas que acompañaban la actuación, auténticas responsables de mantener la atención del público durante buena parte del set. Bastaba observar los rostros de muchos asistentes para percibir una mezcla de actitud festiva y escaso entusiasmo real. Tras una actuación más bien soporífera, todavía hubo que esperar quince minutos más para el cambio de escenario y la instalación de las consolas de Juan Magán, el cabeza de cartel de Metrópoli.

Una vez en escena, el catalán desplegó la fórmula que lleva perfeccionando desde hace dos décadas: una sucesión de éxitos de su característico “Electro Latino”. Desde un punto de vista estrictamente musical, con todo grabado resulta difícil encontrar novedades en un espectáculo que suena igual que el del año pasado, el anterior o el siguiente. La única incógnita reside en si incorporará algún tema nuevo al repertorio. Sonaron clásicos como “No sigo modas” o “Ella se vuelve loca”, además de numerosas canciones muy conocidas gracias a colaboraciones con artistas como Abraham Mateo, Enrique Iglesias, Camela o David Bisbal.

Y, pese a la propuesta musical de escaso interés artístico, el objetivo se cumplió: el público más joven cantó, bailó y disfrutó sin descanso durante toda la velada. A fin de cuentas, en este tipo de espectáculos el arte importa menos que la capacidad de mantener la fiesta en marcha.

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