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Opinión | El disfraz de las mentiras

FeLix feliz

Esta tarde la Feria del Libro va a recoger la Medalla de Plata por haberse convertido en "el punto de encuentro de quienes con su trabajo y su compromiso hacen que en Xixón se lea, y se lea mucho".

Hace apenas una semana que la casetas situadas en Begoña y Tomás y Valiente echaron el cierre a una edición en la que, por ejemplo, a Bibiana Collado le brillaron los ojos de emoción cuando en una carpa a rebosar recreaba alguna imagen de la historia de Marcelino, un hombre mayor de campo; la misma emoción que trasmitió Marta San Miguel hablando del músico Enrique Granados, sobre el que trata su última novela; o la que le descubrimos a Carolina Sarmiento tras escuchar cómo sus “Fronteras” pueden haber partido de un poema infantil de Antonio Machado, ese que cantaba Paco Ibáñez y que hablaba de un niño que soñaba un caballo de cartón. Una edición en la que una conversación entre Jaime Priede y Ricardo Menéndez Salmón, en torno a la novela "Arca" de este último, fuera capaz de generar ese silencio atento aunque en el patio del CCAI se congregaran más de cien personas. La magia de la FeLixestá en ver cómo la juventud asalta los muros de la Escuela de Comercio y vive esos cinco días como una fiesta o cómo unos cuantos cientos de personas se van al Pueblo de Asturias a, simplemente, leer en silencio.

Como le sucedía al poeta Ángel González, para que la Feria existiera fue necesario "un ancho espacio y un largo tiempo, un paisaje lento" en el que en esta ciudad se hizo una apuesta para que cada barrio tuviera su Biblioteca, fue necesario que El Ateneo Obrero, la Sociedad Cultural Gesto, la Cultural Gijonesa o el Ateneo Jovellanos hayan organizado actos en torno al libro, que librerías como Paradiso existan, que en los medios de comunicación como en el de este mismo diario habiten suplementos culturales, que el personal educativo de los centros escolares se empeñe en que el libro siga siendo algo cercano y al alcance del alumnado, o que la Semana Negra lleve casi cuarenta años convirtiendo a la ciudad en capital del género negro y en modelo para otros festivales.

"No hay nada que no hayamos recibido / ni nada que no demos en herencia. // Existe una razón para sentir orgullo / en medio de esta fiebre que no acaba" escribe el poeta Carlos Marzal. Para que miles de personas se acercaran durante cinco días a la Feria no podemos olvidar tampoco a las librerías que lucharon porque existiera y que tuvieron que cerrar antes de verla realizada, no podemos olvidar los días de lluvia y plásticos, no podemos dejar de admirar aquella primera comisión en la que fue imprescindible el apoyo de la Asociación de Escritores, de los Escritores Nóveles, de la capacidad de trabajo de Raquel Huergo.

"El éxito / de todos los fracasos. La enloquecida / fuerza del desaliento".

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