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José María Rodríguez Olaizola

Un premio para nosotros

Este lunes 29, festividad de San Pedro, Kike Figaredo recibirá la medalla de plata de la ciudad de Gijón. Él no podrá recibirla en persona. Creo que será su hermano Nica quien lo haga en su nombre.

Quizás eso mismo es parte de lo que se premia en Kike. Que su agenda solo la marca la realidad concreta y exigente de aquella prefectura apostólica de Battambang donde se hace concreta y efectiva su consagración. Y es su misión allí, su compromiso concreto y enraizado en aquellas vidas, lo que ha convertido a este gijonés y asturiano en un apóstol universal, el obispo de las sillas de ruedas, el lopok (termino camboyano de respeto para él) al que tantos quieren y tantos deben el que el evangelio se haya convertido, en sus vidas, en buena noticia.

De la vida de Kike se ha hablado mucho. Yo mismo tuve la ocasión, hace ya diez años, de compartir su andadura hasta ese momento en "El corazón del árbol solitario", una biografía que se convierte en relato apasionante y conmovedor. Sus opciones, su tenacidad, su creatividad a la hora de ir imaginando caminos para hacer real la buena noticia en vidas tan heridas, su carisma para ir implicando a mucha gente en dos extremos del mundo, su resistencia ante las dificultades y su confianza absoluta en Dios, que no ha de abandonar a los suyos, su ternura acariciando vidas rotas y ayudando a bailar a quienes parecían tener las alas quebradas... Todo eso ilusiona, remueve y anima.

Pero hoy quiero hablar como jesuita. Kike lo es. Heredero de una larga tradición de nombres, los de aquellos que, al modo de Ignacio de Loyola, eligieron caminar tras los pasos de Cristo, pobre y humilde. Solo puedo decir que me siento orgulloso y agradecido de tener compañeros así. La Compañía de Jesús nos definimos como un grupo de amigos en el Señor. Nuestras vidas se van entrelazando. Tener un compañero como Kike para mí ha sido siempre motivo de gratitud, un verdadero ejemplo y una voz profética que me ha invitado a tomar en serio mi propia consagración aquí, para estar a la altura de quienes, en tantas fronteras, lo dan todo.

Me alegro de verdad de este reconocimiento. No porque Kike lo necesite, la verdad. Sino porque nosotros aquí lo necesitamos. En una sociedad demasiado amarga, demasiado dividida, y demasiado atormentada por batallas inacabables, necesitamos vidas nobles que nos inviten a elevarnos un poco sobre la medianía. Necesitamos testimonios valientes que nos enseñen que la vida es para gastarla, y gastarla haciendo el bien. Necesitamos gente que hable no con palabras hechas, sino con vidas ejemplares. Enhorabuena, lopok. Y gracias por tanto.

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